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¿Nos preocupa la viruela del mono, o sólo cuando llega aquí?

Algunos países africanos han registrado siete de las 12 muertes por viruela del mono desde su estallido en el total de estados hasta ahora, pero se ha observado un alto incremento en la división entre naciones en la obtención de material de vacunas y tratamientos adecuados. En el actual brote desde mayo de este año, ya han surgido casos en Europa, Norte América, y más países de África así como en algunos países del Pacífico Oeste. Con la experiencia que tiene ya África en la disparidad del reparto de vacunas con la COVID-19 los expertos ya están apuntando a la falta de interés por décadas de este continente.

Esta enfermedad según nos informan ha estado ya circulando en África Oeste-Central durante décadas. Sin recibir apenas atención por parte de las instituciones globales de la salud, o ninguna por parte de las farmaceúticas. Tanto así que, incluso en el año 2017 (antes del COVID-19) hubo infectados por viruela del mono cientos de personas en Nigeria. A partir de Mayo de este año y la rápida expansión por Occidente la WHO (World Health Organization) ha declarado su preocupación por este brote, incluso declarándolo de emergencia global. Ha llegado a pedir a los países más ricos a compartir sus reservas de vacunas y tratamientos.

Así pues, no es hasta que nos llega a Occidente que las instituciones se ponen las manos en la cabeza y comienzan a instar para hacer acopio de ayuda y luchar con el virus en África. Así que en 2017 no hubo demasiada preocupación ni la atención necesaria por el brote de Nigeria. Quizá deberíamos aprender algunas lecciones. Entender que vivimos en el mismo mundo global y que «cualquier aleteo de mariposa afecta a un volcán a miles de kilómetros de distancia».

En el último informe de expertos de la Salud dicen que hay más 300 casos confirmados y sospechosos de estar infectados en los 24 países de los 36 estados que se han hechos registros, aunque los números son todavía muy por debajo de lo que realmente podrían ser las cifras reales, la causa es la falta de diagnóstico y medios en algunos estados. El brote se sabe ya que se puede uno infectar por transmisión sexual, en contra de la idea de que se transmite de animales a humanos, por tanto, todo el mundo es vulnerable. Algunos casos ha sido detectados y reportados en Israel, aunque aún no se sabe a ciencia cierta se cree que allí fue el repunte de esta emergencia actual. Los investigadores apuntan a que el virus ya estaba en circulación antes de la detección de casos este año.

Algunas autoridades en Nigeria en colaboración con WHO, dicen que no se advirtieron las señales de un problema en el momento de la aparición del brote y que deberían haber informado para activar un protocolo de vigilancia. Sin duda, tenemos que darnos cuenta de los errores y evitar que estos ocurran de nuevo. Por lo que hemos tenido un punto ciego, que deberíamos tener en cuenta en el futuro.

Sin embargo, una vez más la comunidad internacional ha estado «a por uvas» hasta que los casos no han golpeado Norte América, Europa y muchos más casos en África. la WHO cuenta ya más de 37.000 casos en todo el mundo sin contar los sospechosos. La viruela del mono ya está afectando de lleno en 11 países africanos. En la transmisión inicial afectaba a hombres principalmente que han tenido prácticas sexuales con otros hombres. Muchos gobiernos ya han comenzado a vacunar con la de la viruela común a su población sensible de contraer ésta, así como recomiendan a la población que de momento cesen sus actividades normales y hábitos para evitar una expansión del virus.

Únicamente la compañía danesa Bavaria Nordic tiene patente de la vacuna de la viruela del mono, y su producción se ha detenido por una causa de algún problema de fabricación (exactamente cual no sabemos) cuando el brote estalló. El resto de los países compiten por 16.4 millones de dosis que ya existen, y la falta de fabricación de nuevas hasta al menos 2023. Los Estados Unidos ya ha reclamado dosis a granel de las que estén en ya disponibles para su distribución y la WHO ha advertido que lo que reste de éstas dosis serán vendidas al mejor postor. Así pues, todos a barrer para casa, en este mundo global.

La otra cara de la misma moneda, en países africanos no tienen suficientes trabajadores sanitarios entrenados, ni tienen para hacer test, así hacer un rápido diagnóstico de prevención, lo que daría una ideal a las instituciones a entender la escala del problema y poder atajarlo. Esto incluye si se transmite de forma primaria o cuales son los canales exactos de transmisión. Existe pues, una desinformación a causa de absoluto desconocimiento de este virus y sus formas de expansión que debemos una vez más no tener ese punto ciego, del que hablábamos y ponernos manos a la obra para ayudar a África, de modo que evitaramos muchos problemas también aquí en nuestros territorios. Ya se están llevando algunos esfuerzos, la WHO (OMS en sus siglas en castellano), está distribuyendo equipos de diagnóstico. Hay agencias de ayuda que están en el terreno facilitando lo que tienen y pueden para frenar la expasión, con la secuenciación del genoma, la cual es particularmente esencial en África por que el continente está ya lidiando con dos variantes, una en Congo y otra en el Oeste de África. Sin una extensión de la secuencia del genoma no pueden mapear estas dos variantes y su alcance. La atención global esta en la segunda variante que es la que afecta a Occidente (Europa, Norte América).

El tema recurrente es que en África en sistema global de salud tiene deficiencias de material recursos y vacunas para hacer esos mismos esfuerzos de cara a evitar un contagio de virus a más personas. En los lugares como por ejemplo en Nigeria donde se han aplicado estos protocolos de emergencia y previsión, así como se hizo en la COVID-19 o el Cólera han tenido buenos resultados, pero aún dista mucho de ser eficaz en muchos otros estados, la falta de recursos les tiene condenados.

Fuentes varias de (thinktanks) internacionales BGD.

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