Noventa y dos años después de su estreno en el Teatro Español, la tragedia de Federico García Lorca regresa a uno de los escenarios fundamentales de su historia. Una oportunidad para reencontrarnos con la extraordinaria riqueza de su escritura y preguntarnos qué permanece de aquella sociedad que convirtió el destino de una mujer en una condena.
El regreso de una tragedia
El Teatro Español recupera una de las grandes tragedias de Federico García Lorca: Yerma. Noventa y dos años después de su estreno en este mismo escenario, el 29 de diciembre de 1934, la obra regresa a la Sala Principal con una nueva versión firmada y dirigida por Eduardo Vasco.
Aquel primer montaje, protagonizado por Margarita Xirgu bajo la dirección de Cipriano de Rivas Cherif, constituyó un acontecimiento decisivo para la escena española. La relación de Lorca con el Teatro Español forma parte de la memoria de este histórico coliseo, que vuelve ahora a acoger una obra fundamental de su trayectoria.
La nueva propuesta de Eduardo Vasco busca recuperar las raíces de la tragedia clásica y el diálogo entre tradición y vanguardia que caracteriza la escritura lorquiana. El propio autor definió la pieza como «un cuerpo de tragedia que yo he vestido con ropajes modernos», una declaración que orienta esta lectura hacia las formas esenciales del teatro, entre ellas el coro trágico.
La historia presenta a una mujer atrapada entre el deseo de maternidad, las convenciones sociales y las imposiciones de su entorno. Yerma vive la imposibilidad de tener hijos como una frustración que afecta no solo a su vida matrimonial, sino también a su identidad y a la percepción que tiene de sí misma. Su esperanza se va transformando en desesperación hasta desembocar en un desenlace trágico.
Lara Grube encabeza el reparto en el papel de Yerma, acompañada por Francisco Ortiz y Toni Agustí en los personajes masculinos. El coro femenino está integrado por Yolanda Arestegui, Elena Rayos, Ana Veganzones, Silvia de Pé, María Isasi, Lucía Bravo, Manuela San Leandro, Cristina Salvador y Lidia Guillem.
El apartado artístico cuenta con escenografía y atrezo de Carolina González, vestuario de Lorenzo Caprile e iluminación de Miguel Ángel Camacho. Eduardo Vasco firma también la composición musical original.
Yerma es una producción del Teatro Español y Amor al Teatro.
Datos de representación
- Lugar: Sala Principal del Teatro Español, Madrid.
- Fechas: del 30 de octubre al 27 de diciembre de 2026.
- Hora: 19:00 h.
- Duración aproximada: 80 minutos.
- Función accesible: viernes 18 de diciembre, con audiodescripción y sobretitulado para personas sordas.
Federico García Lorca: la palabra que permanece
Hablar de Yerma supone inevitablemente volver a Federico García Lorca, a su extraordinaria capacidad para convertir la experiencia humana en materia poética y a una obra literaria que sigue ocupando un lugar singular en nuestra cultura. Lorca fue mucho más que uno de los grandes dramaturgos españoles del siglo XX. Poeta, dramaturgo y creador profundamente vinculado a las corrientes culturales de su tiempo, formó parte de la Generación del 27, un grupo de escritores y artistas que renovó la literatura española mediante el encuentro entre tradición y modernidad, la herencia de los clásicos y las vanguardias europeas.
En 2027 se cumplirá un siglo del célebre homenaje a Luis de Góngora celebrado en Sevilla en 1927, acontecimiento que dio nombre a esta generación. Entre sus integrantes encontramos figuras como Rafael Alberti, Pedro Salinas, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Dámaso Alonso y Luis Cernuda, junto al propio Lorca. La aportación de Lorca al teatro resulta especialmente significativa. Su escritura reúne la tradición popular, la musicalidad, el simbolismo, la poesía y una profunda comprensión de los conflictos humanos. En sus obras, el lenguaje no se limita a describir lo que sucede: construye atmósferas, anticipa destinos y hace visibles sentimientos que los personajes no siempre pueden expresar directamente.
Bodas de sangre, Yerma y La casa de Bernarda Alba constituyen tres de sus grandes tragedias rurales. Aunque cada una desarrolla un conflicto diferente, las tres exploran las tensiones entre el individuo y las convenciones sociales, entre el deseo y la autoridad, entre la libertad y un orden que pretende determinar la vida de las personas. En agosto de 1936, al comienzo de la Guerra Civil española, Federico García Lorca fue asesinado. Su muerte truncó una trayectoria artística extraordinaria y convirtió su figura, además de en una referencia fundamental de nuestra literatura, en uno de los símbolos culturales de una época marcada por la violencia y la intolerancia. Su teatro, sin embargo, continúa vivo. Y quizá una de las razones sea precisamente su capacidad para abordar conflictos que, aunque nacidos en un contexto histórico concreto, trascienden su tiempo.
La palabra y la tragedia
Hay algo particularmente valioso en reencontrarse con Lorca sobre un escenario: la capacidad de su escritura para generar imágenes que permanecen en la imaginación del espectador. En Yerma, las evocaciones, las metáforas y la relación constante con la naturaleza construyen un universo poético en el que la tierra, el agua, la sangre, las estaciones y la fertilidad adquieren una dimensión que va mucho más allá de su significado literal. La palabra lorquiana posee una musicalidad propia. Hay imágenes que parecen surgir de una memoria antigua, de una tradición popular que el autor transforma en lenguaje teatral, y que conviven con una sensibilidad profundamente moderna.
La tragedia no se construye únicamente a partir de lo que sucede, sino también de aquello que se desea, se teme o se intuye. El silencio, las conversaciones aparentemente cotidianas y las intervenciones del coro van dibujando un mundo en el que las posibilidades individuales parecen cada vez más estrechas. En esta nueva puesta en escena, Lara Grube asume el difícil papel protagonista, un personaje de enorme complejidad emocional que transita entre la esperanza, el deseo, la frustración y la desesperación. Entre las interpretaciones del montaje merecen una mención especial Yolanda Arestegui, en el papel de la Vieja Pagana, y Manuela San Leandro, que interpreta a la Muchacha 2 y a la Lavandera 3. Ambas aportan una presencia escénica que invita a entrar en sus personajes, con una expresividad, una naturalidad y un dominio de la palabra que contribuyen a dotarlos de autenticidad.
La voz, la dicción y el lenguaje corporal adquieren especial importancia en una obra en la que el texto posee tanta fuerza dramática. Son interpretaciones que enriquecen el universo femenino de Lorca y contribuyen a dar profundidad a los distintos registros de la tragedia. Pero si algo permanece por encima de cualquier lectura escénica es la extraordinaria fuerza de la escritura del autor granadino. Sus palabras siguen teniendo la capacidad de emocionarnos, de evocar mundos y de convertir una historia particular en una experiencia universal.
Yerma: una tragedia que no pertenece solamente al pasado
¿Qué queda hoy de Yerma? ¿Qué puede decirnos, casi un siglo después, una mujer cuya existencia parece condenada por no poder cumplir aquello que su sociedad espera de ella?
Mucho, probablemente más de lo que nos gustaría reconocer.
La tragedia de Yerma no reside exclusivamente en su imposibilidad de ser madre. Se encuentra también en una identidad construida alrededor de esa expectativa, en la interiorización de un mandato social que termina confundiéndose con el propio deseo. Yerma no solo quiere tener un hijo: necesita encontrar en la maternidad la confirmación de su lugar en el mundo. Y es precisamente ahí donde Lorca construye una de las contradicciones más dolorosas de su personaje. La España de 1934 estaba muy lejos de nuestra realidad social y jurídica. Las mujeres han conquistado derechos y espacios de autonomía que transformaron profundamente su posición en la sociedad. Sin embargo, sería ingenuo pensar que las expectativas sobre la feminidad, la maternidad y los modelos familiares han desaparecido.
Continúan existiendo presiones, juicios y discursos que pretenden establecer cómo debe vivir una mujer, qué decisiones debe tomar y qué lugar debe ocupar. La maternidad, en particular, sigue siendo objeto de expectativas sociales y de debates políticos, culturales y morales que no siempre reconocen suficientemente la autonomía individual. Hay otro aspecto de la obra que merece atención: Yerma no está rodeada únicamente de mujeres que comparten su manera de entender la vida. Lorca introduce otros personajes femeninos que ofrecen perspectivas diferentes.
La Muchacha, por ejemplo, representa una relación distinta con el matrimonio y con las expectativas sociales. Su manera de vivir contrasta con la de la protagonista. La Vieja Pagana, por su parte, aporta una mirada más libre y experimentada sobre el deseo, la sexualidad y la maternidad. Estos personajes enriquecen la obra y nos recuerdan que incluso dentro de una misma sociedad conviven distintas formas de entender la existencia femenina.
En un tiempo en el que algunos derechos y conquistas sociales vuelven a convertirse en objeto de disputa, la obra adquiere una resonancia particular. No porque nuestra sociedad sea la de Yerma, sino porque las tensiones que Lorca supo identificar —entre libertad individual, convenciones colectivas y mandatos culturales— siguen formando parte de nuestro presente. Los retrocesos no siempre se manifiestan mediante la desaparición inmediata de derechos. A veces comienzan con la normalización de determinados discursos, con la recuperación de modelos que parecían superados o con la progresiva aceptación de que existen formas más legítimas que otras de vivir, amar o formar una familia.
La autonomía sobre el propio cuerpo, la libertad reproductiva y la posibilidad de elegir un proyecto de vida continúan siendo cuestiones centrales para cualquier sociedad que aspire a ser verdaderamente igualitaria. Y conviene recordar algo esencial: la libertad no consiste en sustituir una imposición por otra. Desear la maternidad es tan legítimo como no desearla. Lo verdaderamente importante es que ninguna de las dos opciones se convierta en una obligación social. Quizá esa sea una de las razones por las que el teatro de Lorca conserva semejante capacidad de interpelación. No nos ofrece personajes cómodos ni respuestas sencillas. Nos enfrenta a contradicciones humanas y sociales que sobreviven a su época y nos obliga a preguntarnos hasta qué punto somos verdaderamente libres cuando nuestro entorno ya ha decidido qué deberíamos desear.
Una palabra que sigue interrogándonos
Volver a Yerma es reencontrarse con una tragedia que habla de la soledad, del deseo y de la necesidad de encontrar un lugar propio en el mundo. Pero también es volver a un autor que supo observar las contradicciones de su sociedad y convertirlas en literatura. Quizá no debamos preguntarnos únicamente cuánto ha cambiado el mundo desde que Lorca escribió esta obra, sino también qué mecanismos sociales y culturales continúan condicionando nuestras decisiones. La vigencia de Lorca no reside en que su tiempo y el nuestro sean iguales. Reside en su capacidad para reconocer conflictos humanos que atraviesan generaciones y que cada época debe volver a examinar desde su propia realidad. Una sociedad verdaderamente libre no es aquella que ofrece a las mujeres un destino mejor, sino aquella que les permite decidir cuál quieren que sea su destino.
Y esa es, quizá, una de las preguntas que Yerma sigue dejando sobre el escenario.
Para saber más
- Gómez Goyzueta, Ximena (2025). «El ethos del personaje femenino en Yerma y la historia de las mujeres en la España de Lorca». Investigación Teatral. Revista de artes escénicas y performatividad, 16 (28), 69-88. Un análisis de la construcción del personaje femenino, su relación con el patriarcado y el contexto histórico y social de la España de Lorca.
- Cuervo Pollán, Ana (2024). «Yerma. Pasado y presente de la vivencia de la infertilidad femenina». FEMERIS: Revista Multidisciplinar de Estudios de Género, 9 (1), 44-60. Una reflexión sobre la infertilidad, sus consecuencias sociales y emocionales y las implicaciones contemporáneas de las técnicas de reproducción asistida.
- Bonaddio, Federico. Federico García Lorca. Una aproximación crítica a la trayectoria del autor y a distintas dimensiones de su obra, incluida su relación con la modernidad y la representación de las mujeres.
Yerma
Teatro Español – Producción Teatro Español y Amor al Teatro.
Madrid, del 30 de octubre al 27 de diciembre de 2026. Photo portada: Javier Naval














