Ópera

Romeo y Julieta: el Teatro Real recupera, 115 años después, la gran tragedia lírica de Gounod

Entre el 27 de mayo y el 13 de junio, el Teatro Real presenta 13 funciones de Romeo y Julieta, la gran ópera de Charles‑François Gounod, en una espectacular coproducción con la Opéra national de Paris estrenada en la Ópera de la Bastilla en 2023. La producción, dirigida escénicamente por Thomas Jolly —creador de la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de París 2024 y profundo admirador de Shakespeare— devuelve a los escenarios madrileños una obra que no se representaba en versión escenificada desde febrero de 1911. Más de un siglo después, el drama de los amantes de Verona reaparece en el Real convertido en uno de los grandes acontecimientos líricos de la temporada.

Las funciones están dedicadas a la memoria de Alfredo Kraus (1927-1999), coincidiendo con el 40 aniversario de su primera interpretación de Romeo en el Teatro de la Zarzuela, uno de los papeles más emblemáticos de su carrera, y anticipando además la conmemoración del centenario de su nacimiento el próximo año. La dedicatoria añade una dimensión emocional especial a esta recuperación histórica de la obra en Madrid, vinculando la producción actual con una de las grandes tradiciones del canto español.

Además, la representación del 13 de junio será retransmitida en directo y de manera gratuita en auditorios, teatros, museos, centros culturales y ayuntamientos de toda España dentro de la iniciativa “Ópera para todos”, reforzando la vocación divulgativa y pública del Teatro Real y permitiendo que esta producción trascienda las paredes del coliseo madrileño para llegar a nuevos públicos.

La propuesta de Thomas Jolly no busca la reconstrucción historicista ni el simple homenaje romántico. Su lectura conecta tiempos, sensibilidades y catástrofes colectivas: la peste que asoló Verona, el París monumental del Segundo Imperio y la mirada contemporánea marcada todavía por la memoria de las epidemias recientes. El resultado es una producción de enorme potencia visual y emocional, donde la fatalidad parece impregnar cada escena desde el inicio.

La monumental escenografía giratoria de Bruno de Lavenère, presidida por la recreación de la gran escalinata del Palais Garnier, se convierte en mucho más que un decorado. Es un símbolo de la propia historia de la ópera francesa y de la monumentalidad emocional de la obra. Esa reproducción del emblemático edificio parisino establece un diálogo fascinante entre la Verona imaginada por Shakespeare, el París operístico de Napoleón III y el presente, creando una atmósfera suspendida entre el sueño teatral y la tragedia.

Visualmente, la producción resulta apabullante. El vestuario, el movimiento escénico, los bailarines, la iluminación y la riqueza de los tableaux convierten cada acto en una composición viva de gran belleza plástica. Hay una búsqueda constante de teatralidad total, de convertir la tragedia amorosa en una experiencia sensorial donde música, escena y cuerpo dialogan continuamente. La producción no teme la belleza ni la emoción directa: las abraza con intensidad y las transforma en espectáculo operístico de gran formato.

Pero el corazón de Romeo y Julieta sigue estando en la música de Gounod. Y precisamente esta producción permite apreciar con claridad hasta qué punto el compositor francés construyó una de las partituras más refinadas y emocionalmente inteligentes del repertorio romántico francés.

La ópera nació en un momento especialmente fértil para Gounod. Tras el inmenso éxito de Fausto, el compositor se encontraba en plena madurez creativa mientras Francia vivía el esplendor del Segundo Imperio. París se transformaba bajo las grandes reformas urbanísticas del barón Haussmann y la Exposición Universal de 1867 convertía la ciudad en epicentro cultural europeo. En ese contexto de efervescencia artística, la música vocal francesa buscaba también una identidad propia entre la grandiosidad heredada de la grand opéra de Giacomo Meyerbeer, el lirismo belcantista de Vincenzo Bellini y Gaetano Donizetti y la creciente influencia dramática de Richard Wagner.

Todo ello late en Romeo y Julieta. La obra, revisada durante más de dos décadas, conoció tres importantes versiones parisinas: su estreno en 1867 en el Théâtre Lyrique, más íntimo y cercano al drama lírico; su presentación en la Opéra-Comique en 1873, dirigida por Georges Bizet; y finalmente su llegada en 1888 a la majestuosa Opéra Garnier, cuya célebre escalinata revive ahora en la producción del Teatro Real.

El libreto de Jules Barbier y Michel Carré, los mismos autores de Fausto, reduce el peso político y social de la tragedia shakespeariana para concentrarse en la exaltación íntima del amor. Toda la estructura dramática gira alrededor de los cuatro grandes dúos de los protagonistas —el descubrimiento amoroso, la pasión, la separación y la muerte— auténticos pilares emocionales de la obra.

Y es precisamente ahí donde la escritura de Gounod alcanza una delicadeza extraordinaria. Aunque la partitura mantiene la estructura tradicional francesa en cinco actos, el compositor se aleja de la pomposidad convencional mediante una orquestación transparente, un lirismo contenido y una caracterización psicológica muy precisa. La música parece respirar con los personajes: anticipa emociones, transforma tensiones y utiliza temas recurrentes que cohesionan la tragedia con enorme sutileza. Más que acompañar la acción, la orquesta parece revelar aquello que los personajes todavía no son capaces de expresar.

En este sentido, la química escénica y musical entre Nadine Sierra y Javier Camarena eleva todavía más la representación. Ambos artistas transmiten una complicidad poco frecuente, una naturalidad que hace que la relación entre Romeo y Julieta fluya sin artificio ni tensión visible. Se percibe escucha mutua, comodidad escénica y un disfrute compartido que el público reconoce inmediatamente. Sierra construye una Julieta luminosa, vibrante y emocionalmente muy viva, mientras Camarena aporta elegancia, lirismo y una humanidad profundamente conmovedora a su Romeo. Juntos consiguen que la tragedia resulte cercana y auténtica.

El lujo vocal, sin embargo, no se limita al reparto principal. La producción reúne un elenco de enorme nivel, con alternancias de gran calidad que convierten cada función en una experiencia distinta. Las sopranos Vannina Santoni Julia Musychenko-Greenhalgh alternan el papel de Julieta junto a los Romeos de Ismael Jordi y Javier Camarena, acompañados por intérpretes como Roberto Tagliavini, Jean Teitgen, Benjamin Appl, Carles Pachon, Héloïse Mas, Carmen Artaza, Maciej Kwasnikowski, David Alegret, Laurent Naouri y Sonia Ganassi, entre otros.

Mención especial merece el Coro Titular del Teatro Real, preparado por José Luis Basso, una vez más impresionante por su empaste, fuerza dramática y precisión musical. El coro no funciona aquí como un simple acompañamiento, sino como una presencia colectiva esencial que amplifica el conflicto, la violencia social y la dimensión trágica de la historia. Su calidad artística aporta una densidad extraordinaria a toda la representación.

En el foso, Carlo Rizzi —que regresa al Teatro Real más de dos décadas después— dirige con sensibilidad y elegancia una partitura compleja en matices y equilibrios. Su lectura resalta tanto el refinamiento melódico como la progresiva tensión dramática de la obra, manteniendo siempre un delicado diálogo entre escena y música.

Con esta nueva producción, el Teatro Real no solo recupera una ópera ausente de su escenario durante 115 años. También reivindica la extraordinaria vigencia de una obra capaz de unir el lirismo más delicado con la devastación emocional de la tragedia. Entre Shakespeare y Gounod, entre la belleza y la fatalidad, esta Romeo y Julieta encuentra un equilibrio poderoso y profundamente contemporáneo. Una celebración de la gran ópera francesa y, al mismo tiempo, un recordatorio de que algunas historias sobreviven precisamente porque nunca dejan de doler.

Actividades culturales en torno a Romeo y Julieta

La llegada de Romeo y Julieta al Teatro Real no se limita únicamente a las representaciones operísticas. El coliseo madrileño ha articulado además un ambicioso programa de actividades culturales paralelas que amplían el universo emocional, artístico y simbólico de la obra de Shakespeare y de la partitura de Charles-François Gounod. Cine, conferencias, talleres, conciertos pedagógicos y visitas guiadas dialogan con la tragedia de los amantes de Verona desde distintas disciplinas y sensibilidades contemporáneas.

Cine: amores imposibles y pasiones marginales

La Fundación SGAE acoge entre el 26 y el 30 de mayo el ciclo cinematográfico Cármenes, Tarantos y Hadoum en la Sala Berlanga, un recorrido por distintas reinterpretaciones españolas de los amores condenados y las pasiones enfrentadas a las normas sociales.

El ciclo incluye clásicos como Los Tarantos (1963), de Francisco Rovira Beleta, y Montoyas y Tarantos (1989), de Vicente Escrivá, junto a propuestas más contemporáneas como Alma gitana (1995), de Chus Gutiérrez, y Carmen y Lola (2018), de Arantxa Echevarría.

Especial interés despierta además el preestreno de Iván & Hadoum (2026), ópera prima de Ian de la Rosa, presentada tras su paso por el Festival de Málaga. La película explora los nuevos “Romeos y Julietas” contemporáneos desde perspectivas ligadas a la identidad, la migración y los márgenes sociales, y contará con un coloquio posterior con el propio director.

El amor trágico como patrimonio cultural

El Museo Cerralbo ofrecerá el 29 de mayo la visita guiada Entre el deseo y la fatalidad: amores trágicos en el Museo Cerralbo, una propuesta que invita a recorrer piezas y obras de arte vinculadas a historias amorosas marcadas por el destino y la pérdida.

La dimensión intelectual y simbólica del amor imposible también estará presente en la conferencia El elixir amargo: la estética del amor imposible en la ópera, impartida el 21 de mayo en la Biblioteca Regional de Madrid por el musicólogo y crítico musical Mario Muñoz. La charla explora cómo la ópera convirtió históricamente el sacrificio amoroso en una de sus narrativas fundamentales, conectando parejas míticas como Romeo y Julieta, Tristán e Isolda o Píramo y Tisbe.

Shakespeare, China y los amantes mariposa

El diálogo intercultural llegará también de la mano de Casa Asia con la conferencia Mitos del amor imposible: de Romeo y Julieta a Los amantes mariposa, impartida por Andreas Janousch, director del Instituto Confucio de Madrid.

La sesión pondrá en relación la tragedia shakespeariana con la legendaria historia china de Zhu Yingtai y Liang Shanbo, los llamados “amantes mariposa”, explorando cómo distintas culturas han construido relatos universales sobre el deseo, las restricciones sociales y la libertad.

Actividades familiares e inclusivas

El universo de Romeo y Julieta llegará también al público infantil y familiar con el concierto pedagógico ¿Te suena Romeo y Julieta?, organizado el 24 de mayo en el Real Teatro de Retiro y dirigido por Fernando Palacios, acompañado por los bailarines Margot Bouchet y Carlos Díaz de Cerio.

Asimismo, la Asociación Argadini desarrollará el taller inclusivo Historias que enamoran, destinado a niños con discapacidad y autismo, donde se abordarán los personajes y el contexto de la obra de Shakespeare desde disciplinas como la fotografía, la escritura, el cine y el teatro.

Una ópera para toda España

El cierre de este amplio programa cultural tendrá lugar el 13 de junio a las 19:30 horas con la retransmisión en directo de Romeo y Julieta a través de MyOpera y en plazas, auditorios, museos, teatros y centros culturales de toda España.

La iniciativa refuerza la dimensión pública y accesible del proyecto del Teatro Real, permitiendo que esta producción —una de las grandes apuestas operísticas de la temporada— pueda ser disfrutada más allá de Madrid y acercando la ópera a nuevos públicos y territorios.

BGD.

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