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Por dentro

Propósitos de año nuevo: ya casi ni existen. Y quien los hace, pide simplemente un poquito más de educación y respeto.

Canales congelados en el invierno de Amsterdam (Países Bajos)

Los propósitos del año nuevo, muchas veces son deseos y proyecciones idealistas de llegar a una vida soñada, donde somos estupendos y nuestros hábitos son geniales. Quizá esta vida soñada hecha realidad, no lo sería tanto. Está bien soñar, es necesario, pero no hay que dejar nublarse la vista. La realidad nos da bocados enormes que nos dejan agotados de recursos. La vida de los otros, la presión, el trabajo, la economía, los amigos, la pareja (si la tienes), la familia. Un sinfín de cosas que día a día hacen nuestra vida.

Ponemos la TV y nos damos cuenta de las horas que pasamos ahí plantados delante viendo nada. Quiero hablar de nada, ese tema es justo el que nos tiene subyugados a no pensar en lo que pasa realmente. Vamos de un lado para el otro sin pararnos, cuando paramos nos llenan de aire la cabeza. Vivimos apenas sin darnos cuenta. El “mindfulness” eso que ahora está de plena actualidad en Occidente, predica precisamente eso, un despertar a uno misma. Una voz interior elocuente que nos explica toda la verdad que nos rodea. Pero, todo ello desde un punto de relajación para no estresarte.

Leemos los periódicos online, vemos las noticias, hambre, guerras, muertes injustas, niños empobrecidos de todo, violencia, narcisismo, vulgaridad. Parece tan lejano, pero no lo es, está muy cerca y nos afecta. El cambio climático, cada vez que el Presidente Donald Trump abre la boca, nos ponemos a temblar. Hay una parábola en el Talmud que dice: -un grupo de personas (hombres en este caso) están en una barca en el medio del océano. Tienen hambre, miedo y frío. Uno de ellos desesperado comienza a romper la barca haciendo en ella un agujero. El resto de los hombres le increpan “¡oye! ¿qué haces? nos vamos a ahogar todos”. Y el hombre contesta; “no, sólo yo pues el agujero lo hago debajo de mi asiento”-.

Ahora que hemos estrenado el nuevo año, seguro que también cuando finalizaron los de atrás, hemos parado si acaso unos minutos para recapitular. Con la fiebre de las compras, las esperas infinitas, puede que la reflexión nos haya pillado desprevenidos en ese momento, entre cola y cola. Bajamos la guardia y el tiempo se para unos instantes, sentimos un cosquilleo en el estómago de contacto con nosotras mismas, por un momento tocamos esa consciencia vital de la que tanto se oye hablar.  Nos toca el turno y esa conciencia del aquí y ahora se desvanece y volvemos al “programa software”, compramos lo que pone en nuestra lista. Tenemos todo lo que queremos, quizá no lo que necesitamos.

Con los ojos fijos y desenfocados, la mirada hacia el interior, nos hemos preguntado para qué de esto o aquello. Nos hemos enfadado con nosotros mismos por no haber… o por haber, en fin.. ¡qué más da! Nos hemos emocionado con algún buen recuerdo, y nos hemos reído con otros. También hemos llorado (o casi) con algún evento de nuestro pasado ya, que nos ha amargado un poco. Una vez alguien dijo que si cuando recuerdas tu año no ríes ni lloras, éste ha sido un año perdido. Quizá esto sea cierto, dado que nunca nada es totalmente absurdo y banal o magnífico y lleno de significado.

La sociedad actual tiende a estar siempre atareada o en compañía, ya sea en persona o virtual, a la vez, nunca antes nos hemos sentidos tan solos. A todos se nos viene a la mente algún momento que verifica esto. La tendencia es estar con gente en estos días, nos comparamos con otros,  nos angustiamos por no estar a la altura. Todo ello es como un espejismo macabro que se burla de nosotros. Genera una realidad inventada que sólo cobra vida en la perspectiva del otro pero, que no experimentamos vitalmente. De ahí el éxito de las redes sociales que ofrecen justo eso en bandeja de plata.

¿Cuando harás tus propósitos de nuevo año? Los propósitos tiene que ser propios, muy muy personales. Sólo de esta forma será posible que alguno de ellos llegue a buen puerto. A menudo la tendencia es a ponerse metas muy extravagantes, difíciles, irreales, surrealistas. No cumplir ninguna, nos llevará a dentro de 365 días sentirnos igual. Los mejor es que sea no más de tres o cuatro y que sean nuestras y sólo nuestras.

En la era de la posverdad y la mentira que dicha muchas veces se convierte en verdad, hemos aprendido a auto engañarnos mucho. Darnos palmaditas en la espalda de auto complacencia. Ni una cosa, ni la otra. Ni agobiarse por ser el mejor y no conseguirlo, ni ser patético y creerse el mejor. Cada vida es distinta, por mucho que nos parezcamos en lo esencial. Pero, hay un socavón que se hace más grande y que no vemos. La desigualdad, el nepotismo, la injusticia. ¡¡Eh!! y no hablo de las noticias, cada cual que piense lo que le venga a la mente pues está por todas partes. La falta de convivencia y respeto por el prójimo. La imposición de nuestras vidas a los demás a través de hablar tan alto y ocupar todo el espacio.

Normalmente los propósitos suelen ser en positivo, hacer un curso de algo, aprender un idioma, donar a una fundación, hacer voluntariado, no quiero aburrir, ya saben. ¿Porqué no hacer un pack de propósitos en negativo? Decir no, parar un día o dos sin hacer nada, no ser envidioso, celoso, criticón, pesado, malhablado, acosador….  Fíjate que creo que cumplir éstos últimos me parece más fácil, y con ello ya haremos una convivencia mejor para todos y todas.

Pasan infinidad de cosas a nuestro alrededor que no son de nuestro agrado, pero no podemos controlarlas. Lo que sí podemos controlar el cómo reaccionar ante éstas. Dormirnos por la noche pensando que mañana ya ha caducado, todo caduca. La felicidad y también el dolor caduca. En un año la línea sube y baja, oscila y se estira. La vida es una linea quebrada que procuramos que vaya en ascendente pero que lo cierto es que va en descendente cada año, pues somos más viejos.

Luchamos en nuestras batallas para ganar. La que aquí escribe, ha librado dos importantes en este año que se fue, entre otras menores. Una de las importantes. sigue en trincheras y la otra fue ganada pero a la espera de los resultados. Los resultados al ganar una batalla podría no ser los esperados, por que nunca depende de nosotras mismas al cien por cien.

No me gusta la sociedad actual en el continente que vivo. Cada vez la gente es más mal educada, más vacía y más frívola. Una de las batallas de las que hablaba fue precisamente esto, re-educar a través del toque de atención y de no dejarte pisotear. Es aquí el punto, que es terriblemente agotador hacer esto, por que cada día y cada vez que sales te encuentras con mala educación por todas partes y tendrías que estar demandando este espacio a menudo.

Nosotros lo que desearíamos es que no se hablara ya más de izquierdas y derechas (y menos de ultra nada) y que se demande más ética y educación, saber convivir con el otro y (como no) otra. Y que desde cierto parámetros normales busquemos el bienestar general en los pequeños momentos del día a día. Menos ruidos y más nueces.

Desde BGD os deseamos un muy buen educado 2019!!!!!!!!!!!!!!!! 😉

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