No es casual que Ibsen vuelva una y otra vez. Cada época necesita enfrentarse a su propio “enemigo del pueblo”. Y pocas veces el dilema ha resultado tan reconocible como ahora.
Entre el 12 y el 18 de febrero, el Teatro Real presenta Enemigo del pueblo, segunda ópera del compositor valenciano Francisco Coll, con libreto de Àlex Rigola a partir del célebre drama de Henrik Ibsen. Encargada y coproducida junto al Palau de les Arts de València —donde se estrenó el pasado noviembre—, la obra llega a Madrid como algo más que una novedad en la programación: es una declaración de presente.
Ibsen escribió su texto en 1882, pero la confrontación entre verdad científica, intereses económicos y manipulación política resuena hoy con una claridad incómoda. La contaminación de unas aguas que amenaza la prosperidad de un balneario podría trasladarse sin esfuerzo a cualquier debate actual sobre crisis climática, desarrollo sostenible o cálculo electoral. No es un dilema nuevo: ya lo revisitó el cine popular en Jaws (1975) de Steven Spielberg, donde el peligro para las vidas humanas chocaba con el miedo al colapso económico de una comunidad costera. Cambian los nombres, no las inercias. La masa sigue siendo vulnerable al miedo; el poder, experto en moldearlo.
Francisco Coll, doce años después de Café Kafka, consolida aquí un lenguaje plenamente personal. Su escritura —de enorme riqueza tímbrica y energía rítmica— fluye al servicio de la dramaturgia con una precisión minuciosa. Hay momentos en los que ciertas inflexiones recuerdan fugazmente a Manuel de Falla, pero la evocación nunca se instala: enseguida la música se desplaza hacia otros territorios, rehúye la comodidad de la cita y afirma su identidad propia.
La partitura exige atención. No es una música que busque seducir de manera inmediata, sino implicar. Quienes han podido seguirla con la partitura en la mano hablan de un trabajo compositivo de extraordinaria minuciosidad, donde cada célula rítmica y cada superposición tímbrica cumplen una función dramática precisa. La orquesta no ilustra: comenta, anticipa, ironiza. En varios interludios asume la dimensión del coro griego, mientras que el coro —impactante y poderoso en cada intervención— encarna a un pueblo voluble, sometido a tensiones armónicas y rítmicas que intensifican la presión colectiva sobre el protagonista.
La puesta en escena de Àlex Rigola es, en su aparente sencillez, uno de los grandes aciertos de la producción. El espacio único —una costa mediterránea de dunas, cielo y mar concebida por Patricia Albizu— se transforma progresivamente gracias a la iluminación de Carlos Marquerie y al vídeo de Álvaro Luna. La luz modula la percepción moral del paisaje: lo que comienza como un entorno apacible se va impregnando de una toxicidad que no solo es ambiental, sino ética.

En el centro del conflicto, el barítono José Antonio López construye un Doctor de enorme intensidad vocal y dramática, sostenido por una línea exigente que oscila entre el parlato tenso y momentos de lirismo contenido. A su lado, la Petra de la soprano Brenda Rae adquiere un relieve especialmente significativo en esta versión operística, aportando claridad y convicción en medio de la asfixia colectiva. Moisés Marín compone un Alcalde de firme proyección, mientras que Isaac Galán y Marta Fontanals-Simmons completan el entramado de intereses cruzados que sostiene la trama. Al frente de la Orquesta y Coro Titulares del Teatro Real, el director sueco Christian Karlsen —especialista en repertorio contemporáneo— asume con solvencia una partitura de gran complejidad.
Escuchar Enemigo del pueblo implica también una cierta disposición: aceptar que estamos ante una ópera escrita en el siglo XXI, con las tensiones, fracturas y búsquedas sonoras propias de nuestro tiempo. El repertorio no se construye de inmediato; se decanta con los años, con la escucha reiterada, con la perspectiva histórica. Las obras que hoy consideramos intocables también fueron, en su momento, territorio incierto.

Que el Teatro Real encargue y produzca la primera ópera de gran formato de Francisco Coll es, en ese sentido, una apuesta cultural de alcance. Disfrutar de Puccini, Wagner, Händel o Bizet no es incompatible con abrir espacio a las voces vivas. Coll pertenece a nuestro presente; los oídos del futuro lo juzgarán con la misma naturalidad con la que nosotros escuchamos a los maestros del pasado.
Enemigo del pueblo no es solo la suma de Ibsen, Coll y Rigola, ni del compromiso musical de Karlsen y un elenco entregado. Es una experiencia que interpela y exige. Y quizá esa exigencia sea, precisamente, la prueba más clara de que la ópera sigue siendo un arte vivo.
Actividades culturales en torno a Enemigo del pueblo
La reflexión sobre el agua, la contaminación, la verdad y la responsabilidad colectiva que plantea la ópera de Francisco Coll se expande más allá del escenario con una serie de actividades culturales en distintos espacios de Madrid.
5 de febrero, 19.00 h
📍 Residencia de Estudiantes (Salón de actos)
ENFOQUES
El director de escena Àlex Rigola, el director musical Christian Karlsen, el director artístico del Teatro Real Joan Matabosch y la musicóloga Carmen Noheda mantendrán un encuentro con el público para profundizar en la producción y descubrir aspectos y curiosidades de este estreno absoluto tras su paso por el Palau de les Arts de València.
Entrada gratuita hasta completar aforo.
Sábados y domingos de febrero a mayo, 11.15 h
📍 Museo del Traje
VISITA-TALLER: ‘La toilette’: la moda del cuidado y la higiene a través del tiempo
Los balnearios del siglo XIX y comienzos del XX fueron fuente de salud para muchas personas y escuela de higiene para todos. Esta actividad propone un recorrido por la historia de la moda y el cuidado personal, pensado para familias con niños de 3 a 6 años y de 7 a 12 años, y culmina con un taller participativo de manualidades.
Actividad gratuita con reserva previa.
Más información e inscripciones en la web del Museo del Traje.
Hasta el 24 de mayo
📍 Museo de Historia de Madrid
EXPOSICIÓN: Naturaleza de asfalto
Al igual que la ciudad protagonista de Enemigo del pueblo, Madrid esconde —en este caso bajo su asfalto— un tesoro: el agua. El Museo propone, de la mano del pintor José Miguel Palacio, un recorrido hiperrealista por las calles de la ciudad, donde, como en la obra de Ibsen, conviven contaminación, suciedad y mentira con esperanza, luz y color.
Entrada gratuita hasta completar aforo.
Hasta el 12 de abril
📍 Museo de Historia de Madrid
EXPOSICIÓN: Fui sobre agua edificada
El agua vuelve a ser eje central en esta muestra que reúne los trabajos ganadores y finalistas del V Concurso de Fotografía del Museo. El título remite al antiguo lema de la ciudad de Madrid:
“Fui sobre agua edificada, mis muros de fuego son, esta es mi insignia y blasón”,
poniendo en valor un bien esencial para la vida, la memoria y el arte.
Entrada gratuita hasta completar aforo.
17 de febrero, 17.00 h
📍 Museo de Historia de Madrid
VISITA GUIADA: El agua en Madrid
A través del hilo conductor del agua, los visitantes descubrirán su presencia en la ciudad: desde el emblema histórico “Fui sobre agua edificada…” hasta las fuentes monumentales alimentadas por los viajes de agua o la antigua noria y pozo del Real Hospicio del Ave María y San Fernando, actual sede del Museo.
Actividad gratuita con reserva previa.
BGD











