Ópera

Ariadna y Barbazul: la exigente belleza musical de Paul Dukas

La ópera en tres actos con música de Paul Dukas desde el libreto de Maurice Maeterlinck basado en La Barbe bleue (1697) de Charles Perrault, se estrenó por primera vez en París el 10 de mayo de 1907 (Opéra-Comique) y en el Teatro Real de Madrid el 15 de febrero de 1913. Lo que se verá en esta temporada en una coproducción del Teatro Real y la Ópera nacional de Lyon. Desde el 26 de enero al 20 de febrero 2026 se ofrecerán 6 únicas funciones de esta ópera cuya música y exigencia vocal hacen en su conjunto una maravilla.

Sobre la ópera “Ariadna y Barbazul” en esta producción y su previas versiones.

Ariadna y Barbazul, la única ópera de Paul Dukas, regresa al Teatro Real más de un siglo después de su primera presentación en este escenario, recuperando una de las partituras más singulares del repertorio francés de comienzos del siglo XX. Estrenada en 1907 en la Opéra-Comique de París, con libreto del simbolista Maurice Maeterlinck —basado en el célebre cuento La Barbe bleue de Charles Perrault—, la obra propone una relectura profunda y poco complaciente del mito de Barbazul, desplazando el foco del terror masculino a la conciencia y la voluntad femenina.

Lejos de insistir en el misterio o el suspense del relato original, Maeterlinck transforma el cuento en una alegoría sobre la libertad, el miedo y la resistencia interior. Aquí, Ariadna no es una víctima ingenua ni una mujer paralizada por la curiosidad, sino una figura activa, casi heroica, que se enfrenta al poder opresivo no solo de Barbazul, sino también a la pasividad de las otras mujeres encerradas en el castillo. Su descenso a los sótanos —literal y simbólico— se convierte en un viaje hacia la verdad, la luz y la posibilidad de emancipación, aunque esta no siempre sea deseada por quienes viven en la oscuridad.

La música de Dukas acompaña este planteamiento con una partitura densa, minuciosamente trabajada, de gran riqueza orquestal. Influida por Wagner, pero filtrada por la claridad y el refinamiento del lenguaje francés, la escritura se mueve entre lo declamatorio y lo sinfónico, exigiendo un equilibrio delicado entre escena y foso. La obsesión perfeccionista del compositor —que destruyó gran parte de su obra— se percibe en una música concentrada, sin concesiones, que rehúye el efectismo y apuesta por una intensidad sostenida.

La nueva producción del Teatro Real, en coproducción con la Ópera Nacional de Lyon, presenta una puesta en escena firmada por Àlex Ollé (La Fura dels Baus), que sitúa la acción en un banquete de bodas, estableciendo un diálogo constante entre el plano realista y el simbólico. La propuesta introduce una lectura psicológica inspirada en las teorías freudianas contemporáneas a la creación de la obra, convirtiendo el castillo en un espacio mental donde afloran deseos reprimidos, miedos y mecanismos de sometimiento interior.

La dirección musical corre a cargo de Pinchas Steinberg, al frente de la Orquesta Titular del Teatro Real, con una lectura que subraya la complejidad tímbrica y la tensión interna de la partitura. El equipo creativo se completa con la escenografía de Alfons Flores, el vestuario de Josep Abril, la iluminación de Urs Schönebaum y la dirección del coro de José Luis Basso, elementos que contribuyen a crear un universo visual y sonoro de fuerte carga simbólica.

El reparto, eminentemente femenino, refuerza el eje discursivo de la obra. Paula Murrihy asume el exigente papel de Ariadna, sosteniendo el peso vocal y dramático del personaje, mientras que Gianluca Buratto encarna a un Barbazul más sugerido que omnipresente, figura de poder cuya autoridad se resquebraja progresivamente. Junto a ellos, destacan Silvia Tro Santafé como el Aya, contrapunto pragmático frente al impulso idealista de Ariadna, y las cinco esposas prisioneras —Aude Extrémo, Jaquelina Livieri, Maria Miró y Renée Rapier—, cuyas voces dibujan distintas formas de resignación y miedo. Completa el reparto Luis López Navarro como el campesino anciano.

La programación de Ariadna y Barbazul dialoga, además, con la reciente presentación de El castillo de Barbazul de Béla Bartók, permitiendo confrontar dos visiones radicalmente distintas de un mismo mito: la introspección oscura y expresionista de Bartók frente a la lectura simbólica y emancipadora de Dukas y Maeterlinck. Un contraste que abre un fértil terreno para reflexionar sobre cómo el mismo cuento puede generar discursos opuestos sobre el amor, el poder y la libertad.

El tema de la salvación en el argumento de “Ariadna y Barbazul”

Desde una lectura psicológica muy presente en la propuesta de Álex Ollé, Ariadna y Barbazul despliega al menos dos campos de reflexión especialmente relevantes. El primero podría definirse como una suerte de “síndrome de Jesucristo”, encarnado en la figura de Ariadna: una mujer que se autoimpone la misión de salvadora de las otras esposas atrapadas en el castillo, subyugadas por Barbazul. Nadie le pide que lo haga, nadie reclama su ayuda; sin embargo, Ariadna convierte esa empresa en una prioridad absoluta, arriesgándolo todo y entregándose a ella sin reservas.

Al descubrir que las mujeres viven encerradas en la oscuridad desde hace demasiado tiempo, Ariadna da por hecho que su mayor deseo es salir a la luz. Y, en un primer momento, así parece ser. Sin embargo, conforme avanza la acción, se revela una verdad incómoda: aquellas mujeres están tan acostumbradas a las tinieblas que es precisamente la luz lo que les provoca temor. La libertad, lejos de ser un anhelo evidente, se convierte en una amenaza.

Aquí emerge con fuerza el segundo eje psicológico de la obra: el síndrome de Estocolmo, uno de los mecanismos más conocidos del comportamiento humano. La víctima acaba desarrollando una empatía extrema hacia su verdugo, normalizando la violencia, justificando el abuso y aceptando la sumisión como forma de supervivencia. Las esposas de Barbazul no solo temen abandonarlo; temen, sobre todo, enfrentarse a un mundo desconocido sin él.

Este planteamiento convierte la ópera en un relato profundamente actual. En el contexto doméstico contemporáneo, muchas mujeres que sufren algún tipo de maltrato llegan a habituarse a esa violencia, percibiéndola incluso como algo “normal”. Justifican los motivos del agresor, minimizan el daño y se convencen de que salir de esa situación sería peor. Escapar implica enfrentarse a lo desconocido: una intemperie fría, incierta, solitaria, hostil e impredecible. Y ese miedo resulta, para muchas personas, más paralizante que el propio dolor.

Por ello, Ariadna y Barbazul nos interpela de forma directa y sin atenuantes. Bajo la apariencia poética del cuento y envuelta en la belleza de la música de Dukas, la obra expone una realidad incómoda y universal: la dificultad de romper con las estructuras de sometimiento cuando estas se han interiorizado. La figura de Ariadna, lejos de ser únicamente heroica, también resulta perturbadora en su determinación, obligándonos a preguntarnos si la libertad puede imponerse o si debe ser deseada para existir realmente.

La experiencia escénica refuerza este discurso con una fuerza notable. La dirección musical de Pinchas Steinberg es sencillamente extraordinaria: precisa, contenida y profundamente emocionante, capaz de sostener la complejidad orquestal de la partitura sin perder tensión ni claridad expresiva. Por su parte, la puesta en escena de Àlex Ollé sitúa la acción en un contexto reconocible y contemporáneo: un gran salón de bodas que funciona a la vez como laberinto de puertas, castillo opresivo o montaña rocosa. Con pocos elementos y un inteligente uso del espacio, la imaginación del espectador viaja junto a Ariadna y las esposas en su intento de huida, tanto física como mental.

Con todo ello, Ariadna y Barbazul se revela como una ópera de una vigencia inquietante. Una obra que, desde la poesía simbólica, la belleza musical y el talento desbordante de los artistas sobre el escenario, ofrece una experiencia intensa y reflexiva. Una propuesta que no solo conmueve, sino que obliga a mirar de frente realidades que siguen marcando nuestro presente. Sin duda, una cita imprescindible para los amantes de la ópera.

BGD

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