Por dentro

Cuidado con lo que deseas….

Vivir es algo que ya damos por sentado, pero otra cosa sería «el buen vivir» o «el vivir bien». Pensar que nuestra existencia aquí no es más que una especie de casualidad maravillosa que hace que algo tenga un «sentido». Pero lo cierto es que, quizá todo sea producto de nuestro deseo de ser útiles y de tener un sentido de «SER». To be or not To be. That is the question.

Muchas veces pienso que todo esto no tiene ningún sentido, y otras sin embargo, estoy totalmente en el lado opuesto. Me paré a pensar un día en el porqué de todo esto. La conclusión fue muy manida y sesgada. Cuando me ocurre algo estupendo y mágico la vida es por algo, cuando sufro no tiene ninguna razón de ser. Al contrario de la idea cristiana que «hemos venido al mundo para sufrir» y la idea «budista» de abrazar el sufrimiento hacia el «nirvana» o iluminación absoluta. No te creas, yo he pensado que entonces vale, sufriré si eso es lo que me acerca a Dios (o Nirvana) a algo divino por encima de todo dolor. Pero es que, no puedo aceptarlo al punto de estar en el ojo del huracán del sufrimiento. Todo me parece al contrario. Que dios no quiere que suframos, por eso lo hizo él. Qué el nirvana no se alcanza por que castigues a tu cuerpo sin comida ni bebida debajo de la. higuera. Quizá aquello que se llamó Nirvana, fue la simple extenuación y el desmayo que hacía ver cosas a quienes lo sentían. Pues no es la felicidad el fin de todo ser humano. La búsqueda de placer y del amor «universal» que tanto placer da. Ojo, no el amor romántico que tiene dos filos ese arma.

Deseé que el amor para mi fuera universal, amar a todos como uno y a nadie en particular, salí lisiada tantas veces del desamor romántico que mi corazón estaba agotado de tanto contrapunto. Deseé con todas mis fuerzas no tener que mirar a un espejo y avergonzarme de ser tan tonta, deseé que cosas malas otras buenas y otras terribles. Deseé que mi vida fuera indolente de una vez por todas. Entonces, una voz (no sé si de dentro o de fuera) me dijo; «Cuidado con lo que deseas». … Siguió así; «No sentir dolor ni sufrir más significa también no gozar de forma apasionada, estar en una linea continua, ser y respirar, sentir cosas, sí. Pero no a cierta escala ¿Estás segura de lo que deseas?» Entonces me acongojé de lo lindo. El corazón iba a mil por mil, mi respiración se aceleraba, eran tan real lo que acaba de experimentar. Así es que desesperada. …

Un día (sin ser ya practicante realmente de la fe cristiana) volví a la Iglesia a hablar con el Padre, a pedir una confesión. Lo que buscaba realmente no era confesarme (tanto mal no he hecho) si no, más bien alguien con quien hablar que no me conozca personalmente. Buscado exponer mi punto de vista (o si, claro, no deja de ser mi punto de vista) sobre las cosas que me afectaban y de porqué me afectaban tanto, y de porqué me pasaban a mi esas cosas. No pude ser el Padre más claro conmigo. Me bajó a la popularidad, y dijo que nada de lo que yo le decía era para él algo nuevo. ¡Vaya! Entonces no soy tan especial. No, no lo soy. Sí me dijo que era la primera vez que una persona era sincera, diciendo que venía más bien para buscar respuestas, más que un hecho de fe. Decía el Padre, que normalmente la gente que viene dice ser muy creyente etc…. (aunque él sabía que era la soledad quien les traía allí). Bueno, entonces, me sentí un poco mejor, sí que soy un poquito especial. No me anduve con tapujos. Católica Cristiana, Sí. Pero hace años que no practico. La liturgia para nada, sí que intento aplicar alguna norma y leo la Biblia, en ocasiones, de forma literaria más bien. El Padre, me dio unas pautas para no repetir patrones de conducta dañinos para mi, cosa que me dejó plenamente sorprendida para bien. Eso es más de lo que he logrado en los terapeutas. Me fui con un par de consejos sabios y un decálogo tipo mantra que tenía que repetir cada vez que se avecinaba una de esas ocasiones que yo picaba como pez en el cebo. Resultó que este Padre supo leerme en cuestión de minutos más de lo que lo habían hecho las personas de mi entorno. Los días siguientes mi corazón era ligero, no me alteraba por nada prácticamente, ni siquiera por la falta de educación que tanto me irritaba antes, no me importaba que mi pretendido no llamase, de hecho, pensé «mejor». Estuve tan exenta de sentimientos extremos que llevé una semana de lo más productiva y tranquila ¿Quién era ese cura? ¿Cómo podría ser tan exacto en su diagnóstico? ¿Suerte? Quizá. Sin duda el próximo domingo pienso ir a visitarle.

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