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Diario de un confinamiento.

Diario de un confinamiento en el año 2020. El año del COVID-19.

Te gustaría compartir con nosotros tú diario o hábitos del confinamiento, tus pensamientos, en definitiva, lo que te apetezca contarnos. Con quién lo pasas, si es que no estás solo, si tienes mucho espacio, si tienes mascotas, niños, terraza, patio, jardín. Si eres de los que ha establecido una rutina, o no. Firma como quieras, iniciales, tu nombre completo… Anónimo. ¡Desahógate! Mándalo a nuestro email. Y lo publicaremos. 😉

Día 1 de confinamiento: Realmente para mí es el día 4 de confinamiento. Me auto confiné al ver que COVID-19 había llegado aquí. Bueno, para ser más exactos, tampoco salí el día anterior a mi auto impuesto encierro. Así es que, llevo en casa cinco días. Hoy es el día 1 oficial y «obligatorio». Parece que vivimos en tiempos en los que «hay que ser políticamente correcto». Creo que alguien tiene que ver la parte del vaso «medio vacío».

Me levanto tarde, miro por la ventana y veo a mi madre aparcada en la esquina. Hago señales de «¿qué haces ahí?!» Ella me dice, -«baja y tomamos un café que la Iglesia está cerrada y no hay misa»- Le digo, como puedo, que no se puede salir, que si no oyó las noticias. Dice que sí, pero que tampoco creía que cerrarían la Iglesia un domingo. Yo me llevo las manos a la cabeza. Bajo en pijama corriendo a buscarla a la panadería/cafetería del barrio, donde ella tan pancha, está pidiendo un café. La arrastro a su coche y la ordeno no salir de su casa. Ella me dice; «Vale vale, me voy. ¡Qué pijama tan feo, hija!!!» Yo me llevo las manos a la cabeza. Mi madre es octogenaria.

Mi confinamiento es en compañía de mi pareja, espacio pequeño, ambos trabajamos, uno por cuenta propia otro por cuenta ajena. No tenemos mascotas. De momento estamos llevándolo muy bien, dentro de lo que cabe. Cada uno en su espacio vital, hace su cosa. La gente lleva ya días comprando papel higiénico masivamente. Yo tengo 5 rollos. Pienso que nunca compro hasta que no me quedan 2. Así es que, no compro. De cualquier modo, tampoco hay en stock. Finito.

Día 5 de confinamiento. Cada vez que ponemos la tele, nos empezamos a poner malos. -«Tócame la frente, cari, ¿crees que tengo fiebre? Me duele la cabeza, estoy un poco raro-» El gran poder de la autosugestión. Luego comenzamos a hacer recuento de días en los que hemos estado en contacto cerca con gente que pudiera estar contagiado. No se manifiestan síntomas hasta en 15 días después, en ocasiones. ¡HORROR!

Día 6. No tengo rutina establecida, tal cual. Mi vida tampoco es muy rutinaria en condiciones normales. No me levanto o me acuesto a la misma hora en condiciones normales, así es que ahora, menos aún. La estampa de ver la calle vacía y las pocas personas que hay, con guantes y mascarillas, es ya algo «normal». Mi cuerpo comienza a pedirme más acción, que caminar por el apartamento, hacer comidas, limpiar etc… dolor de espalda, quizá por la inactividad. Me pongo a bailar. Me siento mejor, primero por el movimiento en sí, segundo por la música y el espíritu. Hoy nada de tele. Leo hasta que me duermo.

Día 7. Sigo sin rutina tal cual. Pero leo más y más, intento seguir con mi escritura, aunque se me hace difícil por que necesito estar sola. Mi pareja (que sí tiene una rutina en condiciones normales) demanda también su espacio, y comienza una «guerra» por conquistar el territorio. Practicamos la diplomacia, pero ambos con cara de «no sé cuánto tiempo voy a poder seguir en el diálogo». Nuestras vidas, ritmos y hábitos son totalmente distintos. Esto se pone de manifiesto ahora. Aunque existe un respeto y unos modales, quizá eso nos permita superarlo.

Día 8. El hábito de la gente salir a aplaudir a las 8 pm al balcón ya es justo eso, un hábito. Yo no salgo. Pienso que la gente lo hace por no sentirse tan solos. Observo a la gente aplaudir y algunos lo hacen sin gana ninguna, como por inercia. Creo que es mejor el respeto para con los vecinos cercanos. Ser respetuosa y no hacer demasiado ruido a ciertas horas etc, por si hubiera alguien malito. Algunos de mis vecinos, salen cada día a aplaudir al balcón y luego son muy ruidosos en sus casas sin pensar que pueda haber gente, trabajando o enfermo. Pienso que la sociedad está muy enferma en general, ya pensaba eso antes. Por eso, a día de hoy estar confinada para mi no está siendo tan horrible en cuestión de la soledad. Quizá incluso, preferiría estar sola en el apartamente. Pero, también quizá diga esto por que no lo estoy.

Día 15. Los días anteriores más de lo mismo. Entré en una especie de «rutina». A las 19.30 aproximadamente pongo música y me pongo a bailar. La vida en pareja ya cada vez es más tensa. Seguimos en una especie de diplomacia, pero hay momentos que nos queremos «matar». Si esto nos va a servir de algo es en tener una paciencia extraordinaria. No veo las noticias, mejor dicho, no las oigo, a veces pongo la tele pero sin sonido, leo lo que pone en titulares y la apago enseguida. No ceno. Pienso que he de eliminar una comida al día para contrarestar la falta de movimiento. Mejor comer a la tarde por que de esa manera lo poco que te mueves lo quemas.

Día 20. Quiero tirarme por el balcón, miro abajo y no es lo alto suficiente. No por el confinamiento en sí, si no por que no puedo más con las sintonías guturales y otros ruidillos (…..) de mi pareja. A veces, me río, él se ríe también, nos reímos juntos de forma compulsiva…. ¡vamos! como locos de atar. Nos quitamos un poco de tensión así. Ya un poquito mejor. A las 20.00 horas mi vecina se pone a cantar flamenco por el balcón OMG!!!! No canta bien. Los vecinos del barrio (no del edificio nuestro) la jalean. Oh No!!!!!!! Pienso que han desatado al Kraken. Ella se va a venir arriba, y ¡tendremos la Pascua! Realmente pienso que habría que hacer «Castings» para los balcones.

Día 23. Mi madre está enferma, no sé si es COVID-19 o no, por que ella no me sabe explicar y el médico no ha sido del todo claro. Fue al hospital y estuvo 4 horas, la mandaron a casa. Al cabo de dos días se siente peor, viene una doctora y la dice que tiene una gripe fuerte, la manda antibióticos, ¿para qué? ¿la gripe es un virus no una bacteria? Tiene a alguien día y noche que está con ella, yo estoy lejos de ella. Confinada además, una hermana ha gestionado el tema por su cuenta (prefiero no hablar de esto ahora). Mi madre dice que está muy muy floja y no puede andar a penas en fin. No le han realizado la prueba.

Día 25. Todo pasa ahora bastante rápido. Después de los tres días de antibióticos, no ha mejorado. Volvió al Hospital pero de ahí la trasladaron a IFEMA. Pienso, que es positivo, allí van casos quizá no tan graves. Han montado un hospital con todo equipado y nuevo en tiempo record. Ahora sólo nos queda pensar que va a superarlo, que el bicho no va innundar sus pulmones. Me siento muy frustrada por que no es una situación normal de ingreso hospitalario. No se puede ir a visitarla. Hablo con ella por teléfono, por que necesito saber, y ella necesita saber que estamos pendientes y que no está sola. Pero al mismo tiempo, me pregunto si es bueno que hable tanto. Algo me dice que recibe bastantes llamadas y tiene problemas para respirar. Cada día es un enigma inquietante angustioso y fútil en cuestión de ayudar. …..Continuará….

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