Mientras Duermo

Parte II: Adentrarse en el bosque de tu realidad vs. ficción.

Desear algo mucho, a veces, no es suficiente para que se cumpla, sin embargo, desearlo subconscientemente, obtiene resultado seguro. Ella deseaba con todas sus fuerzas salir de aquel bosque, pero siempre terminaba en el mismo punto. No obstante, Ella tenía otro deseo oculto en los laberintos del subconsciente, del cual no tenía ni idea. Fue ese mismo deseo que tomó relevancia.

La psique humana es un laberinto en el que no ves la salida. Los deseos más oscuros se esconden ahí, en esos recovecos del subsconciente. En la ciudad, hoy inhabitable, había sido hipnotizada para así superar sus miedos más paralizantes. No era una decisión suya, pero no tenía alternativa en ese momento. –La gran mentira que me he contado a lo largo y ancho del camino de mi vida hasta aquí, fue devastadora; ¿y ahora? me hallo en un bosque raro, con seres que no sé si existen o estoy aún sometida a la hipnosis. Me duele la cabeza, entonces eso es bastante concreto, no imaginario. ¿Se puede imaginar el dolor? Sigo sintiendo lo mismo, quiero salir. Quiero volver al campamento y seguir con el experimento, ver a mis amigos. Sin embargo, siempre acabo en este punto. Quizá he de dar la vuelta y rehacer mis pasos-.

Ella se sentó de nuevo en la piedra con forma de diván, volvió al letargo ya habitual desde que se había perdido en el bosque. Oyó pasos que se aproximaban allí. Luego ya perdió el control del tiempo. Entró en el pasillo entre la realidad y la imaginación. Los pequeños pasitos, pero contundentes, eran del Hombrecillo, ¿cómo no? Otra vez.

H- No puedes decidirlo tú sóla. Tienes que tener consenso con tu ejecutivo. ¿Lo tienes claro o vas tomarte más tiempo? La obra en su totalidad siempre está inacabada. Por mucho que la revises nunca estará completa. Lo completo no existe, algo completado es algo muerto.

E- ¿¡Otra vez tú!? Pero, ¿dónde vives? Sólo te veo cuando no estoy consciente. ¿Eres parte de mi imaginación? ¿Puedo tocarte?
H- Ya me estás tocando, no me gusta. ¡Déjame! ¡Hasta que no te decidas no vas a salir de aquí! Así es la situación. Tu imaginación la decides también tú misma.

E- No me importa. Quizá estoy cómoda en lo conocido, por muy monótono que sea. No me has contestado a mis preguntas. El tamaño de tu….. eh! bueno ya sabes. Eres desproporcionado. ¿Eres humano? ¿Eres real?

H- Tus preguntas no son apropiadas. Son confusas e inseguras. Yo no vivo, habito. La imaginación es real. Pero, repito: ¡No estás haciendo las preguntas que son! En algún momento tendrás que quedarte desnuda. Tu ropa aquí ya no vale, adaptarás tu cuerpo al medio. Pero…… verás…. Mi cuerpo es perfecto por adaptación.

E- ¿Hola? Eo!!! ¿hola! otra vez…… Hombrecillo…. pero, eh? no me has dicho tu nombre. ¿Dónde te has metido? ¿El qué veré? …. ¿Hola? ¡Dime!

No me preguntes cómo, pero de repente estaba en un lugar distinto del que había estado todo este tiempo. Ví un árbol enorme que no había visto antes, y las pequeñas rocas amontonadas en una especie de camino de arena y piedra, tampoco estaban antes. Al menos yo no las había visto. Por lo tanto, podemos decir que estoy en un lugar nuevo. Cuando caminaba durante largo tiempo no avanzaba y cuando estaba estática, parecía haber llegado a otro sitio. Las reglas del espacio / tiempo aquí no son aplicables.

Llegué al árbol y al acercarme más y más pude comprobar que era mas grande aún de lo que había imaginado. Un tanto irreal, era como un «rascacielos» de la gran ciudad-. A Ella le recordaba uno de esos edificios del centro neurálgico y económico de la ciudad donde iba cada mañana. Esos edificios de cemento gris maquillados con enormes cristales espejo que los cubrían por completo, donde se reflejaba todo en ellos, pero nunca nunca, se veía su interior desde fuera. El bullicio de la calle, la gente que iba de un lado a otro sin rumbo feliz, movidos sólo por la avaricia y la desesperación de la búsqueda de esa «felicidad» tan abstracta. Al mirar hacia arriba desde la base del árbol no podía ver su copa. Imposible. Así de alto y grande era aquel árbol.

Lo rodeó andando a un paso normal, parecía una eternidad, unos quince minutos tardó en rodearlo e ir al punto de inicio. Vió una puerta e instintivamente llamó. Inmediatamente tuvo una sensación extraña como de conocer ese lugar y esa puerta. Alguien abrió pero no vió a nadie. Oyó una vocecita que venía de abajo;

-«Hola? Hola? aquí abajo! Pasa por favor te estabámos esperando!¡sabiámos que lo lograrías! en contra de todo pronóstico.-» Era una mujer de tamaño diminuto. Medía unos 120cm y por si esto no fuera poco encima iba encorvada ligeramente a causa, probablemente de sus enormes pechos, lo que la hacía sin duda, mucho más pequeña. -«Usted dijo que me esperaban, ¿me conoce?-» dijo Ella. Le fascinó la amabilidad de la mujer, la hospitalidad, sus modales y su forma de moverse. Entró en la casa, eh… bueno, árbol/casa. Por que una vez adentro, se quedó sorprendida del interior, era como una casa, parecía estar en uno de esos anticuarios del centro de la ciudad con muebles de otro siglo. Todo estaba colocado pero un tanto anarquico, como si no supieran bien el uso de cada elemento. Pero era limpio y acogedor.

Pasó al interior de la casa/árbol por su propia cuenta al ser invitada. Al cruzar aquel umbral sintió que algo había cambiado en su interior, en su alma, en su psique. Sintió que ya había estado ahí antes, pero no lo podía corroborar con certeza. Aquél olor a musgo, a humedad en la tierra, a madera quemada. Miró alrededor, era increíble aquel sitio.

Cuando de repente se oyó una serie de golpes acompasados; pum, pum pum, pum, pum pum, pum, … Giró la mirada hacia la procedencia de esos golpes rítmicos, divisó una escalera con forma de caracol que se encontraba en el extremo izquierdo de la «sala» principal del árbol/casa. Por ahí descendía la escalera el ser más extraño (si cabe) que Ella podía haber imaginado. Ese ser era una niña de unos 10 años, tan pequeña como la medida de una pierna adulta desde la ingle hasta el tobillo. Tan menuda como una muñeca. Pero lo que más impacto a Ella fueron sus piernas. Eran tan finas como agujas de tejer lana, no tenía rodillas por lo que al bajar la escalera lo hacía de forma abrupta con ese rítmo raro, oscilando como un péndulo.

Gea (es como se llamaba la señora que me abrió la puerta), me ofreció sentarme. Yo me senté donde ésta me indicó. A continuación puso sobre mi regazo una bandeja con comida y bebida. Hasta ese preciso momento no fui consciente del hambre atroz que tenía. Devoré el plato con ansia y bebí atragantándome. Mientras yo hacía ésto, seguía el rítmo de la bajada de la niña aguja; pum, pum pum, pum, pum pum, pum, pum pum, pum … pero yo no era del todo consciente cuando devoraba la comida, tan sólo ya escuché los últimos pasos. Llegó por fin.

Es imposible describir su semblante, no podría, sólo diré que, a pesar de que tenía, dos ojos, una nariz y boca, barbilla, mejillas y orejas como un humano, no parecía ser humana para nada. Jamás había visto algo igual, parecía que iba a echar a volar, que el suelo no era su lugar, sino el viento. -«Hizo parecer al hombre/bebé con miembro viril gigante como algo cuasi normal. Imagínate»-. La niña/aguja, se tumbó en una especie de diván. También se le ofreció la bandeja con comida y bebida. Comió y bebio lentamente mirándome como si yo fuera la «rara». «- Hola niña, ¿cuántos años tienes?-«; dije. Gea enseguida dijo; «- No no no, no habla, sólo se comunica por telepatía, cuando quiera hablar lo sabrá usted- su nombre el Sinamur, aunque ella no lo sabe».

La obra en sí, no es el todo, es una parte de un todo, el todo no es abarcable, es infinito y no existe como tal, está en un conjunto unido a lo demás, a lo que lo completa como ese todo, siempre en obras, siempre inacabado, siempre inabarcable, siempre medio vacío. El potencial es inconmesurable, por eso lo queremos medir. Nos mantiene vivos y alerta. No podemos vivir cuando termine, dado que sería ya inútil. Aunque tú no lo veas, no significa que no esté. Aunque tú lo veas, tampoco significa que exista. La abstracción es infinita. Lo concreto es una entelequia. Si tú has venido aquí, es aquí donde perteneces y nunca podrás salir. Saldrás cuando todo esto acabe.

Son las extrañas palabras que se venían a la mente de Ella, del hombrecillo bebé. Las oía en su cabeza una y otra vez cuando estaba durmiendo. Le hablaba en sueños además de más cosas. Decía que eso no era nuevo, que había vuelto al origen. Por eso, a Ella todo le parecía tan familiar. Sólo tenía que reconocerse ahora y ya todo estaría completado en su primera fase. Parecía como si estuviera en una especie de programa o experimento. Lo cierto es que a veces, se sentía mareada y con sensación de confusión, como drogada. Flashes en la mente llegaban con la imagen de Ella comiendo musgo del bosque, entonces pensó que igual el musgo tenía efectos psicotrópicos. ¿Podría ser? Ya no sabía que pensar. Por lo tanto, dejo de hacerlo y se dejó llevar. ¡Eso! -«Voy a dejarme llevar»- pensó Ella.

YACE EN LA SOMBRA, EN EL SUBSUELO PERO NO EN EL OLVIDO.

Ella estuvo en un letargo, quien sabe cuánto tiempo. Cuando despertó se sentía bien, un despertar fresco, sin dolor, ni miedo. Reparó que estaba absolutamente sola en la casa/árbol, o al menos eso parecía, ahí en ese lugar, realmente nunca se sabe…. recordaba las palabras de su psicoanalista, allá en el otro mundo, en la ciudad frenética; le decía: «Ella, nunca se está solo del todo, piensa que siempre hay alguien que te mira y cuida que nada malo te ocurra, no temas».- Extrañas palabras de un científico. Pareciera que hablaba de Dios, o algo de magia, quizá de un ángel. Sin embargo, Ella se negaba a pensar que cualquier ángel tuviera la voluntad de cuidarla siempre. Seguía sintiéndose sola. ¿Y si ese dios o ángel no fuera del todo fiable? Pero ahora, estaba en otro lado.

Creo que no debería, no, no lo haré. Me quedaré aquí sentada o tumbada observando la amplitud vertical de este espacio. ¡No puedo! Tengo que saber más de donde estoy y por qué estoy aquí. Por lo tanto, voy a levantarme y mirar y buscar y quizá…. con suerte, encontrar.

Pese a la amplitud del árbol transformado en casa, el espacio era más bien vertical, por lo que Ella tuvo que subir y bajar muchas escaleras, algunas empinadísimas con en la pirámides antiguas, otras en caracol y muy muy estrechas. Daba vértigo. Ya estaba totalmente determinada a hacer la inspección, desesperada por saber si es un sueño, una alucinación, la muerte, o qué era. Subió hasta arriba del todo, se paró en cada estancia, pero eran muy pequeñas, se ojeaban rápido. Vió objetos de todo tipo, algunos los reconocía, utensilios de cocina, televisores, rádios, teléfonos de todos los tamaños y formas, computadores, sombreros, materiales quirúrgicos etc… Al bajar, volvió a mirar por si acaso se hubiera dejado algo.

Comenzó ya a bajar a la parte del subsuelo, habiendo llegado ya a la base del árbol/casa, primero se cercioró que seguía sola allí y no habían entrado la mujer diminuta Gea y la niña de piernas de aguja, Sinamur. Después del primer tramo de escaleras (unos nueve peldaños) había una puerta cerrada. La puerta no medía más de un metro y medio. Ella, esperó unos instantes duditativa delante de la puerta, ¿la abro? Su corazón palpitaba más rápido de lo habitual y le comenzó a brotar sudor en la frente y se le humedecieron las manos, tomó un poco de aire, lo echó y….. empujó la puerta para abrirla. Nada. Tiró de ella para ver si así se abría. Nada. Repitió ambas maniobras pero desde el otro extremo de la puerta, donde se suponen que siempre están las visagras. Nada. Nada. Quizá a modo de corredera….? Nada. Finalmente reparó en una llave en lo alto del umbral apoyada en un trozo de rama que sobresalía. Perfecto. Pero, ¿dónde está la cerradura? –No se ve nada, está demasiado oscuro aquí-. Ella volvió a subir a buscar alguna linterna entre todos aquellos objetos.

Sin ver nada, insistió en abrir la puerta, no encontró linterna alguna, ni nada para alumbrar. La cerradura se encontraba camuflada en el centro de la puerta, metió la llave la giró dos veces hacia la derecha (única dirección en que giraba) y la abrió. Más escaleras, –¡que oscuro está!, necesito encontrar algo para ver aquí abajo. ¡Ah! La mochila-, se acordó que aún la tenía y quizá su linterna funcionaba aún, -¡espero que sí!…-

Ella perdío la cuenta de los peldaños que ya había descendido, cuando por fin llegó al fondo. Había una sala circular relativamente pequeña pero suficiente, unos 35 metros cuadrados. Al final pudo ver que había algo o alguien ……. lo alumbró con la linterna y se quedó petrificada de lo que vió. Dió un grito sordo, pues era consciente de si gritaba la oirían o aquello pudiera despertarse pues parecía dormido.

…….. Continuará próximamente……

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