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Parejas

Parejas que repiten e incluso tripiten la aventura del matrimonio. ¿Repiten también los errores anteriores?

“¡Mi pareja no colabora, siempre me reclama, no encuentro un rato para mi misma y estoy agobiada!”

¿Qué se puede hacer para que haya un entendimiento sano y bidireccional entre dos que comparten su vida?

Hay tantos patrones y modos de relacionarse, como parejas en el mundo. Cada pareja tiene su propia forma de interaccionar, unos de forma más sana que otros. Lo que es cierto es que existe un patrón de roles masculinos y femeninos desde tiempos inmemoriables se reflejan en la convivencia en pareja. El patriarcado dominante ha sido la tendencia incuestionable desde hace mucho mucho tiempo. En la era actual, con lo que se ha llamado la cuarta ola feminista, los tiempos están cambiando, pero aún queda un recorrido amplio que andar. La nueva generación está poniendo en cuestión muchos de esos parámetros. Las mujeres jóvenes de hoy en su mayoría (no todas por desgracia) están ya viendo las taras del patriarcado y no quieren acabar como sus madres.

Las mentalidades están cambiando, la sociedad en su conjunto también. Pero los estamentos y las normas van muy lentos. El sistema educativo todavía perpetúa ciertos tópicos de conductas femenino y masculino. El tema de con qué juguetes debe cada sexo jugar en su infancia es sólo un pequeño detalle que importa mucho, los hábitos y creencias que fomentamos en la infacia nos acompañan toda la vida y resultan muy difícil de modificar. En la adolescencia se fomentan las profesiones de poder a los niños y las profesiones de servicios y cuidados a las niñas. Están tan arraigadas en la psique de las personas en todo el mundo (en algunos lugares más extremo que en otros), que es muy difícil luchar con modos de conducta tan incrustrados.

Pongamos una pareja actual como ejemplo; Juan e Isabel. Están casados ambos en segundas o terceras nupcias. Ambos tienen hijos de sus parejas anteriores. Los hijos de ambos ya son mayores, se podría decir que este tipo de matrimonios podría gozar de una tranquilidad relativa con lo que respecta a la paternidad y la maternidad. Pero, la realidad es otra. Se podría bien decir que además al haber pasado por la experiencia fallida del matrimonio o convivencia, ya ha aprendido de los errores pasados. La realidad es otra.

Juan e Isabel trabajan ambos fuera de casa. Su situación económica es más que holgada. Gozan de la posibilidad de comprar lo que quieren, lo que les proporciona una sensación de plenitud en sus vidas, que se mezcla confusamente con emociones más internas de frustraciones a las cuales procuran no hacer caso. Isabel además de su trabajo fuera de casa, va a la compra, organiza la casa (en todos sus aspectos), cocina, limpia y recoge después de comer, de cenar etc… Lava la ropa, la tiende, la seca, la dobla, la plancha, la pone en su sitio. ¡Ah! además siente una “presión” general fuera y dentro de casa a estar guapa, delgada, en forma. Juan sin embargo, tiene una vida mucho menos atareada, pues trabaja fuera muchas horas y cuando llega a casa es para relajarse. Se sienta en el sofá pone la tele, como mucho se prepara un té o abre una cerveza y espera que la mesa esté puesta. Estar en casa para Juan es un lujo. Sabe perfectamente que ahí es el rey, que ya no tiene nada que hacer más que descansar y de vez en cuando arreglar algo mecánico, bricolaje o hacer la barbacoa. Poco más. La jornada de Isabel fuera de casa también ha sido intensa, pero la jornada sigue dentro del hogar y no acaba hasta que ella cierre los ojos para dormir ¡agotada! Ella sabe que esto no es vida, ¿dónde están sus hobbies? ¿cuándo pone una película que le gusta? Apenas ya queda nada de su personalidad. Todo gira en torno a Juan y lo que a él le gusta. Partidos de fútbol, música tecno, jugar a las cartas etc… Isabel ha eliminado de su vida casi todo lo que le da placer individual. Por si esto no fuera ya bastante, cuando hace algo para ella misma, lo hace a escondidas. Día a día esto genera mucho estrés, más del que parece a simple vista. Isabel se permita una queja a veces, de que Juan no cede en nada, pero le dura poco. Isabel va por su propia vida de puntillas.

Pero, ¿de dónde vienen estos patrones de conducta? ¿quién o quienes han establecido estas normas? y ¿quienes las perpetúan? A la primera pregunta ya hemos contestado arriba. A la última pregunta, podríamos decir que son las mujeres quienes han dado continuidad a estos patrones. Han educado a sus hijos e hijas en este hábito, han aceptado su rol de “burras” de carga, hacerlo todo fuera y dentro. El hombre es el pilar de la casa. Sin embargo, la experiencia demuestra que cuando la mujer falta en la familia, ésta se rompe, o sufre enormemente la pérdida. La mujer tiene más poder del que usa; ¿porqué no lo usa? por miedo, por creencia real que eso es correcto.

Juan llega a casa un día antes de su hora prevista y no hay nadie. Juan no sabe estar solo, necesita a Isabel y la llama, la pregunta dónde está. Isabel le dice que va para casa. Juan le dice que tiene hambre que se apure. Esta es aún la realidad en pleno siglo XXI de muchas mujeres con sus parejas, Juan e Isabel son una pareja de mediana edad, pero las hay incluso más jóvenes que viven de esa manera.

Las nuevas generaciones están influenciadas por las tendencias actuales, la música, las series para jóvenes potencia un comportamiento del siglo pasado, esto no es una casualidad. Es una ingeniería social orquestrada por los poderes que nos controlan (hombres en su totalidad), que quieren que esta cuarta ola de feminismo no prospere. Sin duda, los jóvenes son el futuro, si ellos no cambian o evolucionan la sociedad irá en retroceso. Es muy preocupante, hay que comenzar a cambiar esos hábitos en lo privado, que a simple vista puedan parecer insignificantes, para comenzar a cambiar los públicos. Si la mujer está tan ocupada dentro de la casa, ¿cómo narices va a estar en los foros de poder? Todo requiere tiempo y energía. Isabel se queja por que detecta que no es justo para ella. Pero cuando Juan la llama, sale como un rayo a su encuentro para prepararle la cena. Hay que pasar de “el darse cuenta” a la acción coherente para erradicar o cambiar esa conducta. El quejarse sin acción coherente no sirve de nada.

La cuarta ola de feminismo (aún en obras), articula unos conceptos sobre los que trabajar más concretos que las anteriores, transversales, cultural, filosóficos, políticos, económicos, sociales, academicos, legislativos, informativos (medios), morales, tecnológicos. Lo abarca todo, de ahí la dificultad de manejarlos todos a un tiempo. Más complicado aún cuando todavía a un gran número de población mundial que se rige bajo el patriarco.

Ha de haber una renovación generacional, las personas mayores (en general) están en otro mundo. A muchos de ellos les cuesta ver y aceptar los cambios socio económicos que están generándose en la actualidad. Disfrutan de ciertos privilegios que se han ganado, nadie lo pone en duda. Pero no se dan cuenta de que dicho privilegios están en peligro de desaparecer para sus hijos y nietos. Los cuales están en un mundo laboral hostil y esclavizados en el capitalismo radical extremo. Donde se trabaja para no tener nada. Subsistir como único objetivo.

La igualdad de oportunidades comienza en el foro familiar. Cuando tu madre no te de la brasa de lo mal que estás haciendo las cosas, en la comida en familia del domingo, si tu novio o marido se levanta a quitar la mesa y fregar los platos y tú no. Mientras esto ocurra va a ser complicado avanzar de verdad. La generación del baby boom se ha quedado obsoleta y lejos de aceptarlo y respetar a la nueva, imponen su criterio como único válido. “Es así como se hacen la cosas y punto”.

¡No te olvides de tí misma!

 

BGD 😉

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  1. Sonia

    La verdadera revolución (en el sentido físico, del CAMBIO) será cuando los hombres “bajen” al terreno de los cuidados
    y las mujeres “suban” al terreno de las decisiones económicas y políticas.

    Cuando los padres fortalezcan los vínculos de apego con sus hijas e hijos, disfrutando los permisos de paternidad, pasando TIEMPO con ellos. Y no los “cedan” a sus esposas.

    El rol de productoras que no reproductoras (que es lo que de verdad somos porque ponemos en marcha la sociedad cada día) es lo por que tenemos que seguir luchando. Con o sin ellos. Dejando de reproducir la desigualdad de poder en las relaciones y en la sociedad.

    Merece el esfuerzo la IGUALDAD, pero no nos engañemos, nos queda mucho camino por recorrer….
    Un abrazo

    Sonia

    • BGD

      Muchas Gracias Sonia!! Excelente aportación, sin duda aún queda mucho camino por recorrer. Desgraciadamente, creemos que esto podría tomar un rumbo equivocado a raíz de como están los jóvenes comportándose, y ellos son el futuro. En la educación (mayoría dominada por la religión) siguen apostando por el modelo patriarcal. Pero cierto es que, perdemos cuando nos rendimos, y esto no va a pasar. Esta sección irá dedicada a diversas parejas, está inspirado en lo real, en la observación del día a día. Para darnos cuenta que en lo real más allá de las intenciones aún existen muchas desigualdades, patrones aprendidos y repetidos por las propias mujeres.
      De nuevo ¡gracias!

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