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En el Diván

El peligro de la comparación social

HAY TANTOS REFLEJOS DE UNO MISMO COMO UNO QUIERA VER. LA RESPUESTA ESTÁ EN TU INTERIOR

Compararte con otros en positivo o en negativo; ¿Es recomendable compararse? ¿Porqué? ¿Cómo?

Culo veo culo quiero; Siempre parece más verde el jardín del vecino.

Los seres humanos necesitamos reafirmarnos aunque hacerlo demasiado y mal ¿no resulta un tanto tóxico? En su justa medida hasta lo perjudical resulta bueno y lo más saludable del mundo podría ser malo en cantidades industriales.

La comparación social es lo más normal en las personas. Nos da una cierta empatía e incluso en ocasiones seguridad también nos ayuda a conocernos. Necesitamos vernos a través de otros a modo de espejo para comprobar si estamos haciendo con nuestra vida algo útil. Aunque el espejo nos ofrezca una imagen distorsionada, dado que no estamos en control de nuestra psique, la imagen reflejada podría no ser la real.

Según el Psicólogo Social Leon Festinger existen dos tipos de comparación social, la descendente y la comparación ascendente. Lo que nosotros hemos denominado, en positivo o en negativo, por los efectos  que nos proporcionará en nuestro estado mental el practicar una u otra comparación.

Pensemos primero en la descendiente o en negativo; Mirarnos en el ejemplo por defecto: -“Mira Pedro, ¡pobre! le va tan mal. Hizo mal en cambiar de trabajo, no levanta cabeza. -“ Pensamos… ¡¡¡buf!!! menos mal. Yo estoy bien, a pesar de todo. No es que “tires cohetes”… Pero, respiras con alivio y te dices: “¿Pedro!? está aún peor”. Esto es una trampa mental en negativo. Pensamos que comparados con alguien que vemos inferior nos posiciona rápidamente en un buen lugar. ¡Y no es así! ¿Has escuchado el refrán ese que reza así; “mal de muchos consuelo de tontos”. Falla la perspectiva pues miramos con los ojos pequeños de la auto-complaciencia, la cual nos postra paralizados en la creencia que estamos “bastante” bien. Nuestra “zona de confort” se transforma en el paraíso perdido por unos momentos y suspiramos aliviados.

Lo cierto es que no nos quita la angustia y la desazón, cuando pensamos en nuestro trabajo (que odiamos), la situación económica (siempre al límite) y otro año más que dejamos pasar de apuntarnos a ese curso de (lo que sea). Esta comparación nos aleja del impulso que necesitamos para estar donde queremos estar, cumplir un objetivo o un cambio, ya sea profesional o personal.

Es un espejismo que te ayuda a colocarte en una mejor posición y edulcora las amarguras. ¡Cuidado!  ¡falsa imagen de ti misma! que te estanca, dándote una falsa superioridad; “ser un tuerto en un mundo de ciegos”.

Veamos ahora la ascendente o en positivo. –“Anoche en la fiesta me presentaron a una persona super atractiva. ¡Lo tenía todo! un semblante sin igual, carisma, educación, cultura. Se maneja como pez en el agua, todo el mundo la observaba deseando acercase-“. Piensas; “yo no la llego ni a la suela del zapato”. Te marchas a tu casa con una sensación terrible de mal estar. Te juzgas a ti misma/o por ser como eres, te castigas en un mar de auto lamento; “¡que injusto! ¡claro ahora lo entiendo todo! ¡por eso no llego a estar bien!” ;te dices a ti misma/o. Estás así un rato en ese lugar de auto-compasión y a continuación, te sigues sintiendo mal pero, ya no recuerdas exactamente porqué. Es decir, la sensación queda pero el porqué se desvanece.

En la era que vivimos con las redes sociales, la vida de la gente parece un sueño maravilloso, son perfectas; fotos en la playa, en una fiesta, rodeados de gente sonriendo… sólo cuentan un 20% (con suerte) de su día a día… ¡no caigamos en esa pantomima!.  Esto es otra trampa. Lo primero de todo que tenemos que pensar es; que esta persona (aperentemente tan perfecta) tiene una vida como la tuya, con sus más y sus menos. No sabemos nada,  mucha información que se comparte en las Redes Sociales está manipulada. Desconocemos su vida y sus problemas. Estamos creando un fantasma que existe en nuestra mente.

Leon Festinger explica: “que tenemos un impulso interior de autoevaluarnos brutalmente y sin piedad”. Nos comparamos con el fin de afianzarnos y reducir la incertidumbre en nuestra vida pero a veces conseguimos justo lo contrario.  Cuando lo hacemos con alguien que tiene atributos “mejores” basados en cánones externos, digamos de tipo físicos, es una lucha de un David contra un Goliat. ¡Paramos aquí para reflexionar! Existe un canon externo que pretende esteriotipar y categorizar lo que es mejor y peor, la pregunta es, si ¡vale!. Pero, ¿para quién? ¿La belleza no está en el ojo de quien mira? Creemos que si. Los cánones más bien son estereotipos artísticos que han existido siempre y existirán, pero no vivimos dentro de un museo, ¿verdad?

Hemos visto que tanto en negativo como en positivo nos crea malsabores el compararnos con otros, pero, ¿entonces? ¿qué hacemos? dado que parece inevitable pues está en nuestra naturaleza.

Si se percibe como motor de acción y/o inspiración a conseguir lo que nos hace feliz. ¡Sea! Si se percibe como la admiración de alguien que tiene lo que nosostras aspiramos a tener, bien sea un bien o una aptitud. ¡Sea! Fijarnos en sus hábitos para saber que tenemos que incorporar o deshechar, incluso inventar los nuestros propios para mejorar. ¡Sea!. Todo ello sin comparar las vidas, ni las circunstancias por que entramos en otras variables muy personales, sólo los objetivos y los atributos. Todo ello es una fuente de aprendizaje y de ser cada día un poco mejores fijándonos en aquellas personas que admiramos.

Otra buena alternaiva sería compararnos temporalmente a nosotras mismas, las que somos hoy  con las que fuimos “ayer”.  Esto se denomina: Comparación Social temporal. ¿Cuánto hemos cambiado? ¿Qué hemos adquirido? si  hemos evolucionado mucho o poco. ¿Por qué? De esta manera es nuestra imagen en el espejo y solo depende de nosotras el cambiar cosas. Creceremos y mejoraremos con una hoja de ruta muy personalizada, la nuestra. Nos dará también una perspectiva de nuesros logros y ver que como personas somos muy ricas, hemos vivido muchas experiencias diversas, hemos fracasado, nos hemos levantado, podemos estar orgullosas.

Y recuerda; si a ti te pica…. probablemente le ocurra al “otro”, ya que no somos tan distintos 😉

Hasta la próxima 😉

BGD

 

 

 

 

 

 

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