Parejas

Amor, pareja y Smartphones

¿Conoces a tu pareja? Ante el miedo a la soledad, ¿aguantar ciertas cosas compensa a largo plazo?

Amelia y Carmelo son una pareja de esas que no pasan desapercibidas porque son «raras», es decir, la sociedad todavía está entrando en aceptar que una mujer esté con un hombre al que doble la edad. Éste es precisamente el caso que nos ocupa aquí. Amelia es unos 16 años mayor que Carmelo. Esto tiene sin duda, sus pros y sus contras. Afortudamente cada día que pasa la sociedad ya está acostumbrándose a este tipo de parejas, también así lo manifiesta el cine, que prepara a la sociedad de lo que viene. Cada vez son más la películas donde ellas sobrepasan, y mucho en ocasiones, la edad de ellos, sin que esto sea un tabú, pero sí hay que confrontar esta diferencia.

La diferencia de edad entre la mujer y el hombre, donde ella es más mayor implica un tipo de «problemas» diferentes a si fuera de forma contraria. Siempre se ha aceptado que ellos cincuentones e incluso sesentones de pro, se acompañen de mujeres lozanas y jóvenes, atribuyendo a este hecho una especie de normalidad, pues el hombre aún tiene deseos que necesita saciar y ya la mujer madura no los proporciona. NADA MÁS LEJOS DE LA REALIDAD. Se ha demostrado que la mujer posee una longeva vida sexual y energía cuando el hombre a partir de los cincuenta (por regla general) se va apagando. Fuera el tabú, hoy día existen más relaciones en las que ellas son más mayores que ellos.

Amelia posee un negocio pequeño, ahí es donde un día conoce a Carmelo, éste es presentado por su novia (ay si ella supiera después lo que pasó, nunca habría hechos los honores). Carmelo, por entonces muy joven queda encantado por dicho encuentro. Tanto es así, que al día siguiente vuelve solo y confiesa sin tapujos a Amelia lo que siente. Un subidón de amor o sexo que ha incendiado su cerebro y no puede vivir hasta que no colme el deseo y/o la curiosidad. Amelia sin reparos y algo encantada por la confesión del joven hacia ella, ya entradita en kilos y algo currada, dice SÍ, «estas ocasiones las pintan calvas». Cierran las persianas del escaparate, echan el cerrojo a la puerta y …….. ¡Saltaron los plomos! A Carmelo se le ha quedado cara de tonto y ahora dice sentirse completamente enamorado. Una mujer, «de verdad» le acababa de hacer el amor.

Dicen que las mujeres cuando llegan a su culmen sexual es a partir de los 35/40 años. Ya no tienen la vergüenza esa tan estúpida de no decir que no va bien por ahí, se conocen el cuerpo mejor, y se han cansado de mirar al techo. Carmelo sigue con cara de «tonto». Vuelven a empezar. El sol ha caído y el teléfono no ha parado de sonar. Amelia tiene un hijo de otro matrimonio del que se está separando, pero aún conviven y discuten. Ahora tendrá que dar algunas explicaciones. Carmelo se va amenazando con volver y volver y volver…

-«Pero no me habías dicho que te ibas a casar?!!!!- Y me lo dices ahora? Bueno pues mira que te digo; Adiós muy buenas. –

-«No No … escucha Amelia! mañana hablo con ella y lo tiro todo por la borda. Que me devuelva la señal del piso y que se lo quede ella.-«

-¿Cómo??? ¿qué encima te has comprado un piso y todo? Pero, ¡qué estúpida he sido! Claro! que se puede esperar de un niñato. Anda lárgate!-«

-«Te he dicho que no voy a ningún lado, que quiero estar contigo siempre, que voy a dejarlo todo y que no me importa lo que piensen lo demás. «-

Dicho y hecho. Lo deja todo. Novia, piso, padres (pues no aprueban la maniobra y menos para estar con Amelia) trabajo (por que trabajaba con su futuro suegro) en fin, todo. Lo deja todo para estar con Amelia. ¡Ay el amor!. Ella también, claro, después de tal demostración de principios no podía ser menos. Ella deja «menos», (por el momento), su matrimonio estaba ya finiquitado prácticamente. Concesiones que ahora hacen por sí mismos pero que, al mínimo problema se tornará en «sacrificio que hice por ti y ahora así me lo pagas»…. Y ahí comienza otra pareja.

Hasta aquí todo va más o menos bien. Siempre hay temas como la familia, ciertos amigos jueces, y algún bocazas que hay que ir gestionando, pero, por lo demás ellos dos están bien. Pasan un par de años y Amelia tiene otro embarazo de Carmelo. –Así ya tenemos un hijo juntos– Un marcaje. Por un tiempo todo va bien, pero poco a poco la cosa va cambiando. Y pasa de todo, sería una historia muy larga contar con pelos y señales los acontecimientos. Enumeramos ciertos eventos que hagan entender el sacrificio o la extrema indulgencia hacia algunas cosas o personas en detrimento de valores y creencias, de otras personas y hasta de uno mismo.

Amelia pierde contacto con gente que quiere, en especial su hijo que, harto de los problemas en casa y algo despechado del trato del padrastro decide irse para siempre, antes dejando la opción del irracional ultimatum -«o él o yo-«. Decisión que no se entiende, pues habría que saber los motivos concretos y razones para que un hijo tome tal decisión. No sólo no quiere saber nada de su madre, sino tampoco de su hermano y demás miembros de esa familia. Pone tierra por medio (literalmente) se va al extranjero lejos con su padre biológico.

Amelia sabe en su fuero interno que Carmelo no ha estado a la altura de las circunstancias y que ésto, ha causado la huída de su hijo. Aún así, lo justifica contándose mil razones en contra de su hijo (que por cierto es menor). Así se siente mejor, pero ya es un golpe en la felicidad que queda algo aturdida. Aún así, siguen adelante, no sin problemas y ausencias dolorosas siempre mudas en el centro de la mesa del almuerzo. Pero el tiempo pasa y sale costra que cierra heridas para que no sangren. Luego la costra se va y sólo queda el mapa de la orografía de la herida, el cual marca un pequeño territorio libre de pigmento en la piel, lo cual la hace más sensible.

Carmelo parece tenerlo todo y es feliz. Amelia trabaja de sol a sol para su pequeño negocio y ya cada vez se ven menos. Carmelo tiene una agenda diferente, se ocupa mucho de la casa, no trabaja, pero siempre está cuando lo necesitan. Es muy puntual en los eventos familiares, colaborador etc etc. Pero siempre está quejándose de que Amelia le trata un poco mal, tomándole por un tonto y por un crío al que hay que enseñarselo todo. Le manda callar delante de cualquiera. Ella lo hace por que está convencida estar en su derecho por que es ella quien pone todo. Otra vez, la relación de poder y control en la pareja determinada por quien trae los billetes al hogar (o quien trae más). Error. El poder que le da a Amelia esa baza lo usa para dejar claro a Carmelo y al resto alrededor (incluído el hijo) que ella es quien manda. En todo.

No somos del todo conscientes muchas veces de las consecuencias que nuestros actos están sembrando. Lo hacemos sin más, sin control o reflexión, quizá por una especie de complejo interior que tenemos de no haber sido admirados y considerados lo suficiente. Buscamos el apoyo y el reconocimiento de la forma más patosa. En Carmelo se germina la indiferencia e indolencia a causa del trato de su pareja. Sigue cada día siendo igual en el hogar, los horarios, el comportamiento. Todo exactamente igual.

Al cabo de unos años. Una tarde de domingo cualquiera. Carmelo se mete en la ducha con algo de prisa, pues se tiene que ir. Esa premura es la que hace que olvide meterse el móvil en el cuarto de baño, ¡ay el móvil! ¡cuántos problemas da! ¿o es la desconfianza? ¿o es la curiosidad? El caso es que Amelia coge el móvil de Carmelo y lo mira, ve que es un Whatsapp, ¿de quién? ¿Dalia?!! ¿quién es esa? Claro, la hecatombe ha llegado. Aquí hacemos un receso para lanzar una pregunta; ¿qué haríais vosotros, miraríais el mensaje? pensad un momento, por favor.

A pesar de lo que queremos hacer, es muy posible que hagamos lo contrario guiados por una especie de diablillo interno llamado «curiosidad» y hagamos lo mismo que hizo Amelia. Saber. ¡Y ya lo creo que supo! Al abrir el mensaje salieron más, por que Amelia lo abrió justo al sonar el bip. Ahí vió los cientos de mensajes «sexting» que había en el móvil de Carmelo. Meses y meses de «sexting», fotos pornográficas de la tal Delia y de él mismo, Carmelo. Textos con una carga pasional digna de película X. Amelia comenzó a salivar y a temblar, se puso roja, verde, morada y de todos los colores. Le requisó el móvil. Lo echó fuera de casa casi desnudo. Claro claro, después de los muchos «te lo puedo explicar» que verbalizó mientras Amelia lo empujaba hacia la puerta con lo poco que pudo coger él en una bolsa de plástico, con mil reproches. El niño, aún pequeño, estaba llorando y pidiendo por favor que no echara a su papá de la casa. En fin, un drama total. Pero esto de los «sexting» era sólo la punta del iceberg.

Al levantar la piedra salieron todos los bichos. Carmelo era dueño de otra vida, llevaba por unos años una doble vida. No solo que tenía una relación tórrida con otra mujer, tenía un trabajo, una actividad delictiva paralela y su personalidad no tenía nada que ver con la puntualidad en las tareas familiares y la pasividad de la vida conyugal. En esta otra vida era todo lo contrario. En esta vida era «el rey del mambo».

Amelia por otro lado, había comenzado una investigación personal exhaustiva removiendo «Roma con Santiago» para saber todo lo que al parecer no sabía de Carmelo. Y supo que tenía un trabajo que le proporcionaba un sueldo, además traficaba con todo tipo de artículos de lujo traídos del extranjero (seguramente robados) por mafias internacionales, también vendía drogas, tenía una cuenta bancaria con cientos de miles de euros. Suma y sigue. En el mismo apartamento que Amelia removió «patas arriba» encontró de todo, documentación, droga, ¡en su propia casa! artículos de lujo, relojes, bolsos, tecnología…

Amelia se retiró a un momentáneo ostracismo, nadie sabía donde estaba, su móvil estaba apagado. Todo el mundo estaba muy preocupado. Cuando de pronto, un día salió, y contó a su círculo de allegados lo que había ocurrido, por despecho enseñó los mensajes y las fotos súper comprometidas de Carmelo, desnudo en situaciones que a nadie le gustaría ser visto, y menos por tus amigos y familiares. Amelia exhibió todo a todos. ¿El acto fue guiado por odio, despecho, venganza? ¿todos ellos? Si ella se sentía humillada, herida en lo más profundo de su corazón femenino, el mostrar todo a todos era un intento de humillarle también.

Carmelo se retiró un tiempo, por que Amelia estaba realmente reticente a hablar con él. Pero tienen un hijo juntos y él ha sido un padre cumplidor y atento. Ella cede dejarle ver al niño. Carmelo poco a poco aprovecha para influir a Amelia con lisonjas varias, explicaciones inverosímiles que Amelia no se cree, pero que sin duda, quiere creer y creerá. Pues poco a poco, a un paso lento pero seguro y firme, Carmelo vuelve a seducir a Amelia. Ella «perdona».

Sin duda Amelia se dio cuenta durante todo ese tiempo (alrededor de un año) sóla y mirando todo lo que Carmelo le había ocultado durante años, que lo había subestimado, no era ni tonto, ni miedoso. Incluso le llegó a instalar a ella en su móvil un dispositivo para saber en todo momento donde estaba. Útil para saber cuando volvía a casa si él estaba haciendo sus cosas ocultas, útil para saber cuando ir a casa o no ir a casa, etc etc… Amelia se dio cuenta que no conocía a Carmelo, que tampoco había hecho por saber quien era. Habían entrado en un bucle de la convivencia loca del trabajo, los pagos de facturas, los problemas, las vacaciones, en fin, las vidas que se llevan nuestra alma a un cuarto oscuro. Amelia se dio cuenta que habían tenido muy poco tiempo real a solas, siempre con gente alrededor. Se dio cuenta y se sintió ridícula también al pensar que él era tan poco listo.

El tema de los móviles y lo que subimos, fotos comprometidas de nosotros mismos, pero a veces también, enseñamos a nuestros hijos e hijas orgullosos, pone de manifiesto que hay un gran desconocimiento de cómo funcionan estos dispositivos y sus targetas de memoria. Los niños pre-adolescentes y adolescentes son víctimas fáciles en el uso indebido de estos aparatos. Somos los adultos quienes no entendemos del todo el peligro que tiene en manos de los jóvenes. ¿Estamos llegando a un punto donde el narcisismo brutal y el vacío espiritual nos está llevando poner nuestras vidas en evidencia y peligro? Todo está en la nube, es recuperable. Cualquiera puede encontrar fotos y datos de nuestra vida privada. Que lo vea tu pareja, parace ser un mal terrible pero menor. ¿No estaremos dando demasiados datos de nuestra vida privada? ¿Nos está devorando la soledad y necesitamos comunicarnos más que nunca? ¿Por eso caemos en las «redes»?

Inspirada en un caso real.

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