Mientras Duermo

Adentrarse en el bosque de tu realidad vs ficción. Mundos de ensueño, que revelan filias y fobias de la psique. Parte I.

En el mes de octubre organizaron un viaje los cuatro juntos, las dos parejas. Siempre habían soñado con ir a algún sitio los cuatro, ese momento había llegado por fin.

No tenían las mismas posibilidades económicas por lo que al final se adaptó un plan a la baja que pudiera ser viable para todos. Decidieron ir a la naturaleza y arreglarse con tiendas de campaña. Cosa que a Ella no le hizo gracia. Ella tenía la costumbre de viajar a todo lujo pero sin embargo, aceptó el viaje porque era muy importante para el experimiento, además la ciudad se había vuelto inhabitable. Sobrevivir en la naturaleza sin más que lo esencial, convivir durante unos seis meses con las mismas personas y tener tiempo para pensar, eran elementos que Ella quería explorar antes de tomar una decisión crucial en su vida.

Se hallaban en medio del bosque profundo y denso donde les esperaba una pequeña cabaña de madera sólo apta para dos personas. Por lo tanto, tendrían que turnarse para usarla alternando con las tiendas de campaña. La época del monzón había acabado, todo estaba verde intenso, frondoso y emanaba un olor embriagador con miles de notas, a hojas, flores, musgo y tierra mojada.

Lo primero que se hizo fue establecer un calendario de tareas y uso de la cabaña. El sistema no era sólo para las parejas si no también en rotación individual, por lo que a veces serían los dos chicos quienes compartieran la cabaña otras veces las chicas y otras chico y chica que no era la pareja amorosa. Pensaron que esto era parte del experimento, evitar lo emocional. También se estableció un orden de ir a explorar el lugar de dos en dos. Se salía a hacer expediciones y descubrir si acaso había alguien más.

El lugar era uno de estos lugares recónditos y lejanos donde pareciera que nunca había pisado el ser humano. Pero, ¿y la cabaña? Era una señal que no eran los primeros, alguien antes que ellos habían ya explorado esos bosques. La noche era tan oscura en casi luna nueva que ni el fuego servía para iluminar más de un metro de distancia. No había excusa, Ella había sido la ingeniera de todo el proyecto y era ella la primera que salía a inspeccionar el terreno. Saldría en la tarde del día siguiente. Si salía pronto tendría suficiente tiempo de caminar unas millas y volver al campamento. Además por la noche habría un hilo de luna por si acaso se retrasaba y tenía que volver ya entrada la noche.

A las dos de la tarde Ella se equipó una mochila con, agua, barritas energéticas, algo de fruta, una brújula, un mapa, linterna, tienda de campaña para una persona y algunos utensilios de expedición. Bien equipada con ropa y buenas botas se puso en marcha. Anduvo unos diez kilómetros sin ver más que bosque, algún arroyo escaso de agua y pájaros de todos los colores. Escuchó animales terrestres pero no vió ninguno. Se sentó un instante a tomar algo de comida, eligió una roca ideal con forma de silla obra de la naturaleza.

Mirando hacia arriba se dejó hipnotizar por la  escasa luz que se filtraba por las ramas llenas de hojas de los árboles milenarios, tan altos como un rascacielos. La luz creaba rayos horizontales a lo largo del techo que formaban las ramas, como un espectáculo de luz parelelas y perpendiculares, de diversa intensidad. El viento movía las hojas haciendo del scalextric de rayos de luz algo intermitente y colorido, creando nuevas formas de luces y sombras y la banda sonora del movimiento de las hojas era casi una armonía. Ella se quedó mirando absorta, los cambios de luz como alguien que padece fotofilia, los sonidos, el olor a musgo todo era intenso. Cuando reparó en su letargo, éste había sido largo, la luz era ya naranja atardecer. Al mirar el reloj, bajó la cabeza bruscamente y tuvo la sensación de marearse, el reloj no le decía la verdad. Era tarde y no tendría tiempo de volver aún con luz al campamento, por lo que inspeccionó la zona para acampar por ahí. La silla de piedra no estaba sola, había todo un salón de piedra del que no había reparado antes. Un diván, la mesa de té al lado derecho, dos sillones con brazos y todo. ¿Será mano de un humano aquella maravilla? Era perfecto, como compuesto por un decorador. Montó su tienda encendió un fuego saco más comida y agua, la noche sería larga. 

En la cabaña los compañeros de Ella se preguntaban que había pasado. Aunque ya se advirtió que, más de una vez habría que hacer noche en algún sitio, estaban preocupados. ¿Tan pronto, la primera noche? Sin duda Ella ya estaba en plena aventura que es para lo que estaban ahí. Emociones fuertes para gente que lo tenía todo y ahora no tiene nada. Hicieron vela toda la noche, sacaron el whisky, los saladitos y crackers. El novio de Ella no paraba de salir afuera con la linterna cada diez minutos, el resto se enfadó con él por el gasto de batería inútil pues ya no volvería aquella noche, al menos era altamente improbable. Al final tuvieron que quitarle la dichosa linterna. Todos ya estaban muy borrachos. Comenzaron a hacer tonterías sexuales y al final desnudos se meteriron en los sacos de dormir para generar calor, pues las noches eran muy frías e invernales. De lo que ocurrió allí aquella noche nadie se acuerda.

Ella despertó con la luz del sol, púrpura, hilante, múltiplicada a través de los árboles gigantes, salía de arriba en rayas larguísimas como autopista aéreas de luz, iban hacia abajo donde descansaba. Le dolía mucho la cabeza, se estiró y miró a su alerededor y nada de lo que allí había la noche pasada estaba ahora. Todo había desaparecido como la luna cuando sale el sol, lo que no significara que no estuviera ahí. Tampoco el hombrecillo bebé con el pene gigante. ¿Lo habría soñado todo? ¿De dónde salía ese especímen de la naturaleza? ¿Era humano? Estaba muy confusa. Buscó entre sus cosas algo de comer y un analgésico.

Anduvo durante horas y horas, la brújula no funciona se ha quedado la aguja bloqueda también las agujas de su reloj. Ahora sí había reparado en el hecho que su reloj ya no servía. Estaba perdida. El tiempo estaba también perdido, no sabía nada sobre el tiempo, sólo que ahora otra vez comenzaba a oscurecer y era justo en ese momento donde lo real que veía con sus ojos y lo real que percibía con los otros sentidos se entremezclaban de forma que ya no dejaba de estar despierta (o lo que se conoce como tal) para estar en un letargo raro, desconocido y embriagador.

Siguió caminando aunque la visibilidad era ya escasa, pensó que de esa forma no caería en la ensoñación, según pudo resolver horas antes, era lo que la llevó a ver personajes que no existen y quedarse semi inconsciente. Cuando de repente oyó pasos cortos, como a saltitos pequeños detrás de sí. ¡Era el hombrecillo bebé con el pene desproporcionado! Era extraño, había caminado durante horas y horas, al menos esa fue su sensación, le dolían los pies, las piernas y la espalda de cargar la mochila. Pero aún seguía en el mismo sitio, hasta reparó en los restos de su comida y la piedra donde se había apoyado para descansar. Dejó la mochila en el suelo, se sentó en la misma piedra y tuvo la siguiente conversación con el hombrecillo:

Hombrecillo– ¿Y a ti que te interesa, el rodeo en torno a la obra o la obra en sí misma?
Ella– A mi me interesa todo, pero al final ya no me interesa nada. Las cosas dejan de interesarme una vez que les he hincado el diente. Ese es mi castigo y mi mayor virtud, saboreo tanto a lo largo de esa búsqueda en vano…
H– ¿Has venido hasta aquí por eso?
E– En parte, en el fondo quiero perderme por que me encontré y no me gusté nada. Antes era más feliz.
H– ¿Qué es eso?
E– ¿Ser feliz?
H–  Sí
E–  Buf! ¡Vaya pregunta! Hmmmmm!
H–  No pasa nada si no lo sabes. Como has dicho que era más feliz….
E–  Si, si si. Lo sé, …eh? pero… ¿cómo podría explicarlo?
H– Aquí en mi mundo, lo único que importa es saber esconderse.
E– ¿De qué? ¿de quién?
H– De todos
E– ¿Hay más gente en estos bosques?
H– Claro, pero no nos reconocemos
E– Querrás decir que no os conocéis
H– No no no. Sí nos conocemos, pero no nos re-conocemos
E– Hmmmm!
H– Somos identidades individuales que no entienden de reconocimiento social. A la vez, si nos mostramos colaborativos en momentos clave.
E– ¿Como cuando alguien esta enfermo?
H– Mas o menos.
E– Tu aspecto para mi es perturbador. ¿Eres un bebé / hombre o un hombre / bebé? Tus genitales son extremadamente desproporcionados.
H– Y para mi el tuyo, ¡no veo tus genitales! ¿No los tienes?. Todavía no has visto nada…. Mis genitales son lo que soy, mi aspecto de bebé también. Mi morfología es parte de mi desarrollo.
E– ¡¿Como!? ¿Que quieres decir? Si …si si, claro que tengo genitales, pero no los enseño, es algo íntimo.

H- Íntiiiimoooo!!!!!!
E– ¡¡¡Hombrecillo!! ¿Hola? ¿hombrecillo!??? ¿Donde te has metido?

Había desaparecido como por arte de magia.

………continuará……

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