Teatro

La Estampida presenta; «La Noria Invisible»; Teatro Español del 8 de septiembre hasta el 9 de octubre.

José Troncoso escribe el texto y dirije a Belén Ponce de León y Olga Rodríguez en esta obra de teatro que aborda el acoso escolar en la adolescencia. Ambientada en los años 80 pero sin duda en vigor hoy día. Enfoca el tema del acoso escolar desde el punto de vista del acosado, en este caso acosadas. Dos adolescenctes de 15 años que tienen que soportar insultos constantes malvados de sus «compañeros» y cada una se refugia detrás de la ira o el sueño.

Se decía de Mallarmé, el poeta, «que se reía muy en serio«. La risa sin duda es una cuestión seria, pues detrás de la risa a veces está la inseguridad, el nervisismo, o quizá el drama y el miedo. José Troncoso logra hacernos reír, sin lugar a dudas, pero nos reímos sabiendo que el tema que se trata es de enorme seriedad y dolor. Como ya es sello de la casa, los temas sociales, familiares, sueños rotos, a los que Troncoso nos lleva de la mano a través de la carcajada, por muy doloroso que sean. La obra toca un tema tan peliagudo como necesario en la sociedad actual, que nos tiene que llevar a reflexionar acerca de el poder de las palabras y la huella que dejan de por vida cuando se producen en la infancia o la adolescencia.

Sobra decir que el tema de la obra es importante en estos momentos. Cabe lanzar algunas preguntas incómodas; ¿Por qué hay tanta crueldad en la infancia y adolescencia? ¿Quienes son los responsables? ¿Quienes miran hacia otro lado? ¿Qué educación estamos fomentando? ¿Tienen los padres y madres algo que decir? En la era de la tecnología; ¿Los niños menores de edad realmente necesitan tener un smartphone con acceso a internet? Tanto los progenitores de las víctimas como los de los acosadores, debemos tener un debate incómodo pero necesario. Estas iniciativas que se agradecen desde la cultura, poner acento a esta tragedia que viven cada día niños y niñas, tragedia a la que no hay cierre de telón, no son suficientes, hay que aprovecharlas. La viven en la realidad muchos jóvenes, hasta que no pueden más y el fin es doloroso en muchos casos. Es un oportunidad de hablar sobre este tema, es una necesidad de pedir un debate que estamos evitando. En la actualidad (a diferencia de los años 80) estamos en el centro del huracán, las nuevas tecnologías han multiplicado la tragedia.

La perspectiva y el foco mediático frecuentemente, sino siempre, la tiene la víctima, que está muy bien. Pero quizá, no sea ésta la solución. Quien comienza es el acosador, no la víctima. También Troncoso, pone una luz en la oscuridad, «si lo que no te mata te hace fuerte», -«sin esos idiotas yo hoy no estaría aquí-«. Claro que las experiencias (buenas y malas) al final suman si las superas. Pero esa soledad de la víctima es un terreno pantonoso, que nadie quiere superar y ningún padre o madre quiere para su hijo/a. El acosador no está solo, siempre se camufla o se difumina en el grupo, ese mismo que le vitorea, el grupo quizá vea mal el acto, pero quiere sin duda pertenecer a el grupo «ganador» no al de la víctima. Es un perfil cobarde que también les persigue en su vida adulta.

Las protagonistas de «La Noria Invisible» son las víctimas, que ante la adversidad se crecen y cobijan la una a la otra y procuran conservar la dignidad ante tanta injusticia. Juana con sus gafotas y su manera de ver el mundo se camufla en la música, el sueño de pensar que todo en realidad es una prueba para superar y que ella es la única protagonista de su «videoclip». Raquel, adolescente desarrollada físicamente precoz, con exuberantes pechos en la mente de una niña, tiene que hacer frente al problema de los demás (que NO el suyo) por no saber gestionar semejante fenómeno. La risa la garantiza el rítmo del texto, las dos actrices adultas en uniformes de niña, que se meten de lleno en el papel, pero que sin duda, no deja lo cómico de hecho. Ayuda la música original de Mariano Marín, y la coreografía y movimiento de Luis Santamaría.

El Teatro tiene que pasar, y cuando surge de forma óptima es maravilloso. La realidad y la ficción se fusionan y los espectadores sólo pueden sentir el viaje intrépido de las emociones. La comunicación es la vía por la cual tienen que fluir esas emociones y ese lenguaje de la dramturgia para encontrar una forma de expresión, que nos ayude a entender a «el malo» y a «el bueno». Ambos elementos necesarios como las caras opuestas de una misma moneda. En palabras del dramaturgo José Troncoso; «-Gracias a todos aquellos idiotas por que sin ellos, quizá, hoy no estaríamos aquí-«-

Animamos a los Jóvenes (JOBO) Abono Jóven Cultural que acudan al Teatro Español a ver esta obra. Estos se ubican de 16 a 26 años. Es muy importante que hagamos un llamamiento a todos ellos y que acudan a verla. Que no piensen que porque sean los acosadores lo tienen más fácil, que no. Pues frecuentemente los acosadores vivien infiernos adultos en solitario que no siempre acaban bien. Tenemos que poner el foco en el acosador y saber porqué lo hacen, cuales son sus objetivos y que les lleva a perder su maravilloso tiempo en torturar a otros. Gracias La Estampida por esta obra que desde la risa, nos sumerge en una realidad cruel.

Existe una forma de vivir sin hacer daño a los demás creyendo así que somo mejores por ello. Sólo tenemos que afrontar los hechos sin tapujos, enfrentarnos a los problemas, el silencio a veces, no es un buen aliado, como todo, hay que saber usarlo. El Teatro y obras como ésta es una iniciativa fantástica para verse reflejado y sentir.

BGD 😉 Sin Cultura no se vive.

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  1. Michael

    Me ha gustado mucho tu artículo sobre esta obra de teatro La Noria Invisible. Como dijiste, el sentido del humor en la obra nos ayuda a explorar y comprender mejor este tema complejo y perturbador sobre el acoso escolar. Estoy deseando verlo. Gracias, BDG!

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