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Teatro La Abadía culmina su ciclo de Memoria Histórica con “Tiempo de Silencio”

Desde el 26 de abril al 3 junio Teatro La Abadía cierra su temática de memoria histórica con la obra “Tiempo de silencio”, basada en la novela del mismo título de Luis Martín-Santos (1962).

La novela “Tiempo de silencio” también tuvo su versión cinematográfica dirijida por Vicente Aranda en 1986, protagonizada por Victoria Abril e Imanol Arias. La versión que hoy pueden ver teatral es un reto, sin duda, extraordinaro. La dificultad que implica montar en escenario teatral una novela de este calibre ha llamado nuestra atención y curiosidad. ¿Cómo resolver la trama, los personajes, las localizaciones en el Madrid de los años 40? Con imaginación y la magia del teatro.

Dirigida por Rafael Sánchez, que a pesar de su nombre tan español es suizo, de padres inmigrantes con una educación totalmente alemana-suiza. Él mismo dice que no conocía la obra de Martín-Santos y que no sabía mucho de la historia de España, únicamente en la voz de su abuela, la que le contaba como era la España de los 40/50 del siglo pasado. Rafael Sánchez, nació en Basilea en el año 1975. También aporta una mirada extranjera pero cercana por sus genes españolas. Al igual que en las anteriores obras del ciclo Memoria Histórica, también la dirijeron directores extranjeros. Es una forma de tener una mirada exterior de España.

El propio Sánchez nos cuenta;  -” Cuando leí la novela enseguida me venían las escenas que mi abuela me había contado de niño de esa España, la obra no la conocía y me absorbió de inmediato. Cuando me llamaron para dirijir la versión teatral, pensé ¡lo quiero hacer! a la vez dándome cuenta de los contras que suponía llevar a un escenario una obra tan rica de contenido, llena de personajes complejos.-“ 

Luis Martín-Santos era médico psiquiatra, cosa que está clara por la descripción en su novela de enfermedades con un lenguaje técnico. Además de ser una ventana transperente donde mirar sin mácula ese Madrid de los años 40 del siglo XX, una sociedad retrógrada y sórdida, un Madrid de posguerra por construir, personajes oscuros y llenos de contradicciones. Una España de la que poco o nada se sabía en otros países de Europa. Como el propio director Rafael Sánchez dice, -“yo apenas estudié la historia de España en el colegio, allí no se habla de España y lo poco que se sabe son tópicos-“.

El reparto está compuesto por Sergio Adillo, Lola Casamayor, Julio Cortázar, Roberto Mori, Lidia Otón, Fernando Soto y Carmen Valverde. La versión corre a cargo de Eberhard Petschinka, y en el equipo artístico Ikerne Giménez se pone al frente de la escenografía y vestuario, Carlos Marquerie es el responsable de la iluminación y Nilo Gallego del espacio sonoro. 

Narra la historia de un investigador que, a través de experimentos con ratones, indaga acerca del aspecto hereditario del cáncer. Una vez que el joven científico se queda sin ejemplares para proseguir el curso de su investigación, busca nuevos ejemplares en unas chabolas a las afueras de Madrid, donde descubre la marginación, la disfunción de los lazos familiares, la soledad, la impotencia, el odio y el obligado silencio que se esconde detrás de la vida urbana y del momento histórico reflejado. Tal y como asegura Sánchez, la obra -“nos muestra cómo los personajes luchan por la supervivencia y cómo el individuo, si le dejan solo, no es capaz de sobrevivir. El sistema de entonces estaba diseñado para mantenerse y no se preocupó por el bienestar común, por no hablar del individuo. La gran pregunta que hacemos con este espectáculo es: ¿En este sentido, cómo ha cambiado nuestra sociedad desde entonces? ”-.

La puesta en escena de Tiempo de silencio viene claramente determinada por su estructura plástica y formal. En el escenario, una impactante medianera envuelve el relato de Don Pedro. Las ruinas de un pasado incierto que lo mismo evocan una pensión, un laboratorio, un prostíbulo o un pueblo chabolista. Los actores, a ratos como personajes, a ratos como narradores, nos conducen por la historia, dotándola de un marcado carácter narrativo, que no se orienta nunca hacia lo ilustrativo sino más bien hacia a lo asociativo. El montaje sigue el experimentalismo de la novela: -“de un pasaje narrado podemos saltar directamente a la escena, y viceversa. Para ello, los narradores no necesitan cambios de vestuario ni utilería”-, explica Rafael Sánchez. 

El autor: Luis Martín-Santos

Luis Martín-Santos nació en 1924 en Larache (Marruecos), donde estaba destinado su padre, médico militar. Pasó su juventud en San Sebastián y se licenció en Medicina por la Universidad de Salamanca, interesándose en particular por la psicología existencial. Entre 1948 y 1949 permaneció en Madrid, cursando su doctorado y realizando prácticas quirúrgicas en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, experiencia de la que bebió en Tiempo de silencio. Amplió sus estudios en Heidelberg (Alemania) y luego fue nombrado director de un sanatorio psiquiátrico en San Sebastián.

A pesar de ser un autor básicamente de un solo título, Luis Martín-Santos es uno de los nombres más destacados del panorama literario e intelectual de la España de la dictadura, y varias veces fue detenido y encarcelado por actividades políticas clandestinas. Cuando publicó Tiempo de silencio, el régimen censuró veinte páginas, entre otros pasajes el de la visita al burdel a modo de Noche de Walpurgis.

Tras su muerte por un accidente de coche, en 1964, con apenas 40 años de edad, se editó una novela póstuma e inconclusa, Tiempo de destrucción. Al margen de estos dos libros, escribió un libro de poemas, algunos relatos y textos de contenido médico-psiquiátrico.

Algunos autores, como José Lázaro, aseguraron que: -“con Martín-Santos, lo que resulta más claro es que era un hombre multidimensional: seductor irresistible y gélido displicente; metafísico vocacional y científico positivista; militante político clandestino que lucha en vano por cambiar su país e inesperado escritor que cambia su literatura; afectuoso padre de familia recordado por sus hijos y alegre juerguista conocido por sus amigos…”.

 

Destamos algunas de las actividades que el Teatro La Abadía tiene paralelas a esta obra que seguro les interesa:

Del 26 de abril al 3 de junio, 2018
De martes a sábado, 19:30h
Domingo, 18:30h

Encuentros con el público:

3 y 16 de mayo al finalizar la función

Funciones accesibles:

12 y 13 de mayo (mediante subtítulo adaptado, autodescripción, bucle de inducción magnética y sonido de sala amplificado)

 

 

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