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“He nacido para verte sonreír” texto de Santiago Loza

En el Teatro La Abadía la obra “He nacido para verte sonreír” dirigida por Pablo Messiez. Nos adentra en el complejo mundo del amor de una madre para con su hijo.

Aprovechamos el texto de esta obra para hablar de un tema del que se han escrito rios de tinta, la relación con la madre. Ya desde los antiguos griegos, interesaba esta relación que tanto nos cambia dependiendo de como sea. No hay un equilibrio perfecto, siempre tiene notas asonantes y disonantes. La partición de dos, entre el amor y a veces “el odio”, lo ponemos entre comillado, por que no es odio, si no un tipo de rabia y rechazo, especialmente que emana en la adolescencia. La adolescencia ese periodo de todos en el que comenzamos a ser realmente quien somos y choca frontal con la idea que muchas veces, nuestro padres tiene de nosotros.

¿Dónde está el limite del “yo” y el “tú”, el cual me pertenece? La relación con el cuerpo propio y el del hijo. La experiencia de la maternidad llevada a unas esferas provocadoras. La mujer y la madre se funde y se confunden. Ya no existen las delimitaciones. La cuestión es; ¿deberían existir tales limitaciones? Dar a luz, sin dejar de ser individuo.

La relación con la madre siempre tiene complicaciones. Ya sea de hija a madre como de hijo a madre. Por exceso, por defecto, son relaciones de amor que emana además de personas humanas, las cuales tiene sus filias y fobias. Es un amor “bien-intencionado” que intenta proteger al hijo de forma cuasi obsesiva, creando una sensación de ahogo y de angustia en doble sentido. Uno por que agobia el amor ese tan desorbitado, dos la angustia de no saber vivir sin él.

En la obra “he nacido para verte sonreír” se aprecia la angustia de ambos, madre e hijo. La madre manifiesta con una verborréa incontenible la desesperación que le supone decir adiós. El hijo, por el contrario, con un silencio terrible, nos trasmite su preocupación al emprender tan horrible viaje a un hospital. Pasará de estar abrigado por el hogar, a la soledad y destierro materno.

El recorrio que hace la madre, Miriam, por su pasado nos revela datos importantísimos para comprender la relación presente con el hijo. El texto está repleto de referencias filosóficas que nos hacen reflexionar sobre nuestra vida y la importancia real de las cosas. Lo que eramos y lo que somos, no se parecen en nada. Somos un producto de una series de decisiones pasadas. El laberinto sin salida del arrepentimiento, ¿cuál sería entonces mi vida si hubiera tomado el otro camino? la pregunta es inútil y no nos sirve para nada. La obligación de aceptarnos sin conocernos. La pérdida de los sueños que cosechamos de niños, parece tomar un cáliz romántico en la edad adulta.

El amor también ahoga. A quien lo da y a quien lo recibe. Miriam (Isabel Ordaz), cree ser la dueña del hijo, es un apéndice de su cuerpo que ha tomado cierta autonomía. -“Estaré contigo hasta el final”- le dice, -“pues estuve en tú principio”- Sin embargo, aún se siente aquella niña.

Nuestra educación y cultura nos persiguen, somos lo que nos enseñaron y aprehendimos en nuestro entorno cultural y familiar. La relación que tenemos con los demás y nuestro propio cuerpo y sexualidad. Las creencias (a veces falsas) son más fuertes que nuestro intelecto. La vergüenza de Miriam al ver a su hijo desnudo en la bañera, junto con la criada Laura, la cual no está en cuerpo en escena  pero si en la historia. Miriam se ruboriza ante el cuerpo desnudo de su hijo ya adulto. No acepta tampoco la cierta libertad sexual que tiene Laura (la criada), lo ve obsceno, como así ve a la locura. -“La locura es obscena”- dice.

El abandonar el techo materno nos proporciona cierto sentimiento de aventura y un subidón de adrenalina, pues ya somos capaces de valernos por nuestros propios medios. La cara “B” es que también hay otro tanto de sentimientos encontrados, miedo, inseguridad, soledad. Dar este paso sólo es posible gracias a que vivimos en sociedad, cosechamos relaciones de amistad más o menos positivas que nos alivian un poco esa necesidad intrínseca al ser humano de amor y contacto con otros. -“Me quiero ir, pero no perderte. Quiero tus consejos, pero no tu juicio”- son las palabras que tenemos en mente cuando pensamos en nuestros padres. Es muy complicado. Madres e hijos/as siempre han tenido una relación complicada, un tanto incomprensible, en ocasiones (según testimonios) tóxica. Nos obstante, necesaria para nuestro crecimiento y la construcción de lo que llegaremos a ser.

Recomendamos este libro de Colm Toibin: “Nuevas maneras de matar a tu madre”

Hasta la próxima 😉

BGD

 

 

 

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