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«Firmado: María Lejárraga». Teatro Valle-Inclán. Ella escribió muchas obras, no firmó como autora ninguna.

María Lejárraga es una más de la lista de injusticia de muchísimas mujeres que en el pasado fueron autoras en primera persona de novelas, ensayos, partituras musicales, cuadros y un largo etcétera, sin firmar nada. A la sombra de sus compañeros o maridos quedaron ninguneadas en la sombra, gracias a la ley y al sistema patriarcal, del que parece hemos salido, pero que aún queda mucho por hacer. Lo primero: sacar a estas autoras y grandes artistas de la sombra.

El CDN, en su programación: «En Letra Grande», nos ha mostrado muchos nombres en femenino de grandes mujeres de nuestra historia; Mª Teresa León, Rosario de Acuña, Halma Angélico. María Lejárraga es la última de la temporada, ella fue escritora ante todo, y a pesar de todo. Escribió ensayo político, novela, poesía, teatro, artículos. María Lejárraga nació con el don de la palabra y en una época (o país) equivocada. Mirar al interior de nuestra propia historia es fascinante, ya se puso de manifiesto con las obras anteriores acerca de estas fantásticas mujeres. Ellas son parte de nuestro patrimonio cultural y literario. Ellas son motivo de orgullo para todos y conocer su obra y su lucha así como la injusticia que se acometió con ellas es parte de nuestra responsabilidad como sociedad.

Nacida en 1874 en La Rioja, hija de un médico rural, creció en una familia amante de la cultura. María fue la mayor de siete hermanos. Con 26 años se casó con Gregorio Martínez Sierra, amigo de la infancia. María estudió magisterio, pues siempre dijo que la ensañanza fue su vocación junto al teatro y a la escritura. El matrimonio Lejárraga-Martínez Sierra llevaba una intensa vida cultural. Fundaron la revista «Helios» en la que colaboraban grandes nombres como Rubén Darío o Juan Ramón Jiménez entre otros.

Esta anécdota nos recuerda un poco al matrimonio de Virginia Wolf con Leonard en la creación de movimientos y grupos culturales e intelectuales. Claro, Inglaterra en esta época le llevaba una gran ventaja a España en temas de feminismo, pero en aquel país todavía la mujer quedaba relegada al marido en muchos aspectos, por ejemplo, en temas de instituciones universitarias. El enquilosamiento de estas instituciones en mantener un «status quo» masculino era enorme. Así la obra de V. Wolf «Una habitación propia» pone de manifiesto.

Como era de esperar, María Lejárraga era una viajera, especialmente a países con movimientos culturales importantes, así como París donde escribió su novela «Tú eres la paz» un primer gran éxito. Al regresar a España el matrimonio fundó una compañía de Teatro y Gregorio se ocupaba básicamente de la gestión y las relaciones públicas, algo que se le daba realmente bien. Hacían ambos un tándem excelente, María escribía maravillosamente y Gregorio era hábil en la relaciones, con un único matiz que lo hace todo muy muy injusto. Las obras aparecía siempre firmadas por Gregorio. Aparecieron más de cién obras de teatro. Junto a Manuel de Falla escribió «El sombrero de tres picos» y «El amor brujo». Pero además María colaboró con otros grandes nombres de la época, Eduardo Marquina, los Hermanos Álvarez Quintero, Carlos Arniches y el músico Joaquín Turina…

Esta magnífica obra «Firmado; María Lejárraga» que veréis en el Valle-Inclán ¡ojo! sólo hasta el 5 de Mayo pone los puntos sobre la íes, pero también da luz a la oscuridad y hace justicia a medias. Y decimos a medias, porque como la autora del texto dice Vanessa Montfort «….al día de hoy María no cobró ni un céntimo por su legado y sus derechos de autora, y digo al día de hoy, porque tampoco sus descendientes». En este contexto no se puede volver atrás y dar a María Lejárraga lo que es suyo. Pero, el caso es complejo. Gregorio llegó a asumir en un escrito la co-autoría de las obras con María, a la muerte de éste en 1930. Aunque a continuación reclamaba a su vez los derechos de autor. Por lo tanto, dejó a María en aprietos económicos en el extranjero donde ella se encontraba en el momento.

La pregunta desde hoy día es obligada; ¿fue un acto de amor darle tanto a Gregorio, fue un acto de impotencia? María Lejárraga, es aún un misterio. Nos podemos preguntar mil cosas y hay muchas dudas. A través del epistolario con su marido y otros muchos amigos de la autora, sabemos que fue ella la indiscutible autora de todas sus obras. «Gregorio Martínez-Sierra al parecer no escribió ni una frase, nada»: Eduardo Noriega. Aunque no le quita mérito como empresario y director de escena. Pero María Lejárraga fue la Autora. Por este motivo y su mentalidad de mujer fuerte y feminista no se entiende muy bien el porqué de regalar así su legado, su arte, su don a un hombre. La lucha de la verdad contra la complacencia de lo que ya se había creado, es un dilema complicado. Pues ¿porqué no destruyó Gregorio las cartas donde se decía claro que María era la autora absoluta? Un ápice de justicia, quizá?

Pero María fue más que una escritora excelente, además estaba comprometida con la sociedad de su tiempo, feminista y diputada por el PSOE en la Segunda República, luchó por los derechos de la mujer. Después de la Guerra Civil española se exilió a Francia, Méjico y Argentina donde siguió escribiendo obras como «Una mujer por los caminos de España (1949)», «Gregorio y yo; medio siglo de colaboración (1954)» y «Fiesta en el Olimpio (1960)». Murió en Buenos Aires en el año 1974.

Texto Vanessa Montfort
Dirección Miguel Ángel Lamata

Reparto:

Federico García Lorca / Joaquín Turina y otros Gerald B. Fillmore
María Lejárraga / Fantasma María Lejárraga Cristina Gallego
Gregorio Martinez Sierra (Goyo) Eduardo Noriega
Juan Ramón Jiménez (JR) Alfredo Noval
Manuel de Falla (Manu) Jorge Usón

Equipo Artístico:

Escenografía y vestuario Isis de Coura
Iluminación Rodrigo Ortega
Música Fernando Velázquez
Documentalista Carmela Nogales
Ayudante de dirección Khrish Otero
Fotografía marcosGpunto
Diseño cartel Javier Jaén

BGD. 😉 ¡Nos vemos en los Teatros!

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