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Ópera

En el Teatro Real de Madrid apuesta por “Street Scene” más allá del musical, flirtea con la ópera y toques teatrales

La apuesta de Teatro Real por este tipo de espectáculo nos pone felices, tenemos un punto ciego pues adoramos el musical de Broadway y el West End londinense, a la vez del gran respeto y amor por la ópera clásica.

Parece que nada ha cambiado hoy día cuando vemos esta ópera musical cuyo hilo conductor se desarrolla en la posguerra, tras la Segunda Guerra Mundial, muchas personas huyen de Europa, emigran al nuevo mundo en busca de una vida mejor. Estamos en Nueva York en los años 40, concretamente en el Lower East Side. Un edificio humilde de vivienda ocupada por un crisol de culturas y lenguas distintas. Aún así, a pesar de la diferencia de su origen, todos desean lo mismo, la paz y la felicidad así como disfrutar de una vida digna. Los años 40 y 50 del pasado siglo fueron años importantes para el nacimiento de lo que hoy son los Estados Unidos. Se estaba fraguando un país rico en diversidad pese a sus pros y contras.

Los habitantes de este edificio interactúan entre ellos fuera en los rellanos y la acera de la calle, formando un entramado de relaciones donde la vida de cada uno ocurre a la vista de todos. Los vecinos se quejan del calor sofocante y hablan de cosas simples cotidianas. El foco se centra en el matrimonio Maurrant, Frank y Anne. Anne tiene un affaire con el repartidor de leche, los demás murmuran a sus espaldas y critican sus actos a veces con mofa. ¡Vaya! ¿Esto no nos es extraño, verdad? La simpleza de la vida y la rutina del día a día y la propia insatisfacción convierten al ser humano en un cotillo, y a veces despiadado con las desgracias ajenas. Poco importan los “porqués”, las razones que empujan a alguien cometer un adulterio. Anna Maurrant es una mujer dulce que siente nostalgia de la vida anterior, se siente sola y poco querida por su marido. Frank, sin embargo, es un hombre agresivo, infeliz, alcohólico probablemente por su infelicidad.

Rose Maurrant la hija mayor del matrimonio, una joven con muchos sueños y frágil. Carne de cañón para caer en las garras de su jefe que intenta engañarla para acostarse con ella, prometiéndole que será una estrella, nos recuerda a la trama del musical Chicago. Sam Kaplan hijo de inmigrantes judíos alemanes, gente venida a menos, les ha tocado remangarse y empezar de cero. Sam estudioso y serio, está enamorado de Rose, pero su hermana no acepta esta relación e intenta disuadirle sin éxito, ella con ciertos aires de grandeza piensa que Rose no es digna de Sam. Dos historias en una, con el añadido de las vidas de los otros vecinos del edificio. Todo ello aderezado con un eclecticismo musical extraordinario, jazz, blues, swing, ópera. No falta de nada.

La obra fue concebida para el teatro en el año 1929 por el dramaturgo Elmer Rice, así entendemos la riqueza del argumento, amor, desamor, violencia de genero, desahucios. Pero también la esperanza, la resistencia, los sueños, la amistad. Con todo ello casi veinte años más tarde Kurt Weill con una amplia experiencia en la composición musical y operística se pone manos a la obra y crea la ópera musical Street Scene. Estrenada por primera vez en el año 1947 en el Teatro Adelphi de Broadway, gano el Premio Tony a la mejor partitura. Era la primera edición de estos galadornes, hoy ya de un conocido prestigio.

Kurt Weill, ya nacionalizado estadounidense crea esta ópera musical en parte hablada y en partes cantada con diversidad de estilos. Hay arias, duetos, coros, números de baile, todo ello fluye con una naturalidad con estilo propio. ¿Cuánto habrá en la obra de Elmer Rice de biográfica o al menos de inspiración de su experiencia? Sin duda Kurt Weill como inmigrante de origen alemán debió haberse sentido identificado con la historia de Rice. La esperanza convive con la soledad al tener que inmigrar a un lugar nuevo. La nostalgia por lo que dejamos atrás, junto con la aventura de lo nuevo.

Los días, las semanas, los meses pasan forman años y la vida en el mundo nuevo no es como imaginamos. Rose Maurrant, vive sumida en su propio sueño, así como Anne su madre, que aspira a algo mejor. La vida no puede ser únicamente la casa, esperar al marido, ocuparse de los hijos. ¿No se merece algo mejor? Al menos la felicidad y el amor. Lo que lleva a Anne a tener una aventura con el lechero. Frank sospecha, por mucho que los vecinos se callen cuando le ven llegar, él intuye que algo ocurre. Pregunta por su esposa una y otra vez, -“¿dónde está? ¿a dónde a ido? ¿estaba sola?”-  Los celos crecen en su interior sin dejarle pensar en nada más, se refugia en la botella, distorsionando la percepción.

La reflexión que hacemos sirve tanto para ayer como hoy, pues esto desgraciadamente no nos es ajeno. Anne lucha por ser una buena esposa (lo que quiera que signifique esto, exitían manuales sobre este sujeto, pero no hemos encontrado manuales del buen esposo). Frank, sin embargo, tiene muy claro lo que es ser una buena esposa. Exige a Anne, lo que él mismo no puede cumplir. ¿Egoísmo? ¿Machismo? ambos juntos más bien. Pone es cuestión esa ley “natural” por la cual se les adjudica a las mujeres el cuidado de la casa y los hijos, cuando ellas también quieren vivir. ¿Cómo no? Somos personas con los mismos anhelos y sueños de ser lo que queremos ser y no lo que se nos impone desde fuera. Y menos aún por ser mujer, nada más. Esta obra escrita en el año 1929, convertida en Ópera en 1947, es más actual hoy que nunca antes. Parece ser que la sociedad de hoy se resiste a cambios que serán muy positivos. La igualdad, el derecho a decidir que quieren ser la mujeres, si madres y esposas, o simplemente personas que desarrollen su sueño y busquen la felicidad (si es que no ésta no coincide con el hecho de ser madre y esposa).

Anne Maurrant ama a su marido, pero éste se ha convertido en un tirano. Ella está atrapada en su propia vida. ¡Y sí! tiene una aventura con otro hombre, ¿la culpamos? La violencia de Frank responde a su impotencia y frustración de poder satisfacer a Anne, la ama también, pero es un amor agoísta. La violencia se apodera de Frank, le ciega y la mata. ¡Nos suena esto demasiado! ¿Para qué sirve el arrepentimiento? ¿Para qué sirve ahora el castigo? Anne ya no está entre los vivos, el drama en el Lower East Side está servido.

Hasta la próxima 😉

BGD

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