Estilo de Vida

Impresiones y observaciones encerradas en uno mismo

Seguimos en esta situación de confinamiento. Ya han pasado más de seis semanas. Ahora nos permiten salir una hora a caminar, correr etc, individualmente. Hay establecidos distintos horarios para diversas personas, rango de edad, condiciones varias. Sólo llevamos en esta situación una semana. La gente en su mayoría no respeta nada de esto. He visto gente en grupo ocupando toda una acera de más de tres metros, el que camina detrás solo, no tiene forma de pasar, la gente no se mueve. Me he cruzado con gente que lejos de alejarse y hacer uso de la acera ambos, incluso se han acercado a mi, como un marcaje de territorio.

Escucho a muchos comentar que esto nos va a hacer mejor. ¿Seré la única persona que ve lo contrario? Espero que no. Por que negar una evidencia y pensar que todos somos muy civilizados y buenos, no nos hará mejores sino más «ciegos». No tomar medidas contra toda esta gente nos va a terminar perjudicando a todos. Es una pandemia que mata. Hay personas que aún parece no enterarse. Si únicamente afectara a quienes se pasan las normas por el forro…. Pero, nos afecta a todos. En la dinámica de individualismo absurdo social en el que estábamos metidos, el coronavirus nos está diciendo que, tenemos que ser más inteligentes en lo colectivo. Quizá algunos prefieran ser egoístas, pues bien, que lo sean, que adopten la máxima del «egoísta inteligente» que es aquel que, cuidando de sí mismo, también está cuidando su entorno.

En favor de los que dicen que la gente saldrá mejor de esta, he de decir, que tampoco tenía antes una opinión muy elevada de la sociedad. Sociedad en general, claro está. Todos tenemos nuestros «oasis» sociales de encuentro con gente que nos entiende y entendemos. Por eso es tan complicado hablar en términos absolutos. Sin lugar a dudas, habrá quien reflexione y cambie, quien piense que algo no iba bien antes COVID-19, habrá quien haga un borrón y cuenta nueva en sus hábitos anteriores. Seguro que sí. Lo que me temo es que ese porcentaje no es muy elevado.

Antes ya de esta pandemia, nunca me ha gustado la manía que tiene mucha gente de aproximarse a mi persona, en la fila de un cine, teatro etc… en la cola de una caja de un supermercado, en un vagón de metro, tren o un autobús. No me ha gustado ese hábito social de los besos a cualquier persona que no has visto en la vida, quien te acerca su boca a la mejilla y te besa…. Eventos, fiestas, cumpleaños, reuniones, quedadas, cualquier situación donde vas y no conoces a mucha gente, el que te introduce, va pasando por cada uno, ella es fulana, él es mengano, y así. Se van acercando y vas besando a diestro y siniestro. ¿POR QUÉ? No he comprendido eso nunca. Lo he hecho, porque me da corte decir «prefiero decir hola! de manera simpática y amistosa!». Ahora últimamente ya iba aprendiendo, levantaba mis brazos con las palmas de la manos hacia afuera, las agitaba en saludo animado y decía: -«No, no os levantéis, son muchos …hahahha! daros por saludados, hola qué tal? «-. Vas por la calle haciendo tus cosas, te encuentras a alguien quien te besa dos veces, te dice dos palabras y te vuelve a besar otras dos veces para decir -«adiós me alegra verte»- Otra vez digo; ¿POR QUÉ?

Respecto al tema de los abrazos, que parece que hacen falta, dadas las manifestaciones de los mismos en la publicidad de cualquier producto, he de decir que igual ahora, abrazaremos menos y mejor. Nos pensaremos más de tres veces regalar el abrazo de forma mecánica, quizá elegiremos muy bien a quién irán destinados pues será un beneficio mutuo, el abrazo nos recoge a los dos en una especie de protección sostenida y nos aprieta lo justo para saber que hay fuerza en el abrazo pero no hay daño. Ese es el abrazo que nos cura y nos transforma, ese y no los otros.

Personalmente no soy muy de contacto físico, entiendo que eso no se ve bien en la sociedad que vivíamos, mi propia madre me decía –«¡Hija que despegada eres!!!-«. Es que a mi el abrazo a veces incluso me incomoda, a no ser que sea con alguien que me apetezca mucho. Ese impulso de apetencia viene dado por diversas razones. No siempre tiene que ser alguien muy allegado. Tuve esa sensación alguna vez con algún desconocido. Es que el abrazo sale y no es mecánico, al menos para mi. Tuve problemas en el pasado (hablo de 25 años atrás) con algunas personas por decirles amablemente: –«No me toques tanto por favor». Se me ofendieron hasta el punto, que pasaron de tocarme y achucharme todo el tiempo a no dirigirme la palabra nunca más. Es un extremo, ¿no? Pensé en ese momento. Los límites sociales van a cambiar en la era COVID-19, ahora lo mismo ya no esté mal visto decirle a alguien que no te toque o que guarde la distancia de seguridad. No sé cuánto durará.

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